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Le he citado varias veces en este blog por su compromiso. Ahora Gervasio Sánchez ha ganado el Premio Nacional de Fotografía 2009. Antes que él, lo recibió en 1996 Cristina García Rodero, que hace unos meses se convertía en el primer profesional de la fotografía de España que ha entrado en la Agencia Magnum, lo mismo que desde que se instauró el premio, en 1994, lo han recibido otros nombres muy prestigiosos. El reconocimiento a Gervasio Sánchez viene a ser un homenaje al fotoperiodismo en su expresión más clásica: la del reportero de guerra. Dudo que haya algún fotógrafo de prensa que no haya fantaseado alguna vez con emular a los grandes clásicos del género como Robert Capa. Gervasio Sánchez  está entre esos grandes, porque en los últimos veinte años ha corrido casi todos los frentes y porque nunca ha querido actuar como un objetivo indiferente. Su fotografía tiene la sinceridad necesaria, pero también el valor de la denuncia, sin compasión, de la injusticia gratuita. Eso se llama compromiso. De la denuncia de una de las secuelas más estériles y brutales de las guerras, las minas antipersona, ha hecho una causa personal constante en su trabajo. Tiene muchos méritos y los ha resumido con acierto el jurado:

Su compromiso continuado con la fotografía como herramienta de denuncia de la violencia en los conflictos armados, por su continuada labor a favor de la justicia y especialmente por su trabajo sobre las minas anti-persona. Asimismo se valora su aportación a la fotografía de reportaje y cómo a través de ella se dignifica a las víctimas fotografiadas, con una mirada particular que enaltece los mejores valores del fotoperiodismo.

Su trabajo y su compromiso profesional, pero también vital, se pueden conocer o recorrer de nuevo en el blog “Los desastres de la guerra“, que durante un año ha estado abierto en soitu.es (el sitio, vivo todavía a través de la selección de trabajos que han dejado, sigue mereciendo un repaso y una visita, al igual que el blog) y que ahora volverá al Heraldo de Aragón.

De lo que le he leído y escuchado a raíz de la concesión del premio me quedo con unas declaraciones a Europa Press en las que consideraba el periodismo local más peligroso que cualquier guerra. “Es donde se cocina todo y donde hay más intereses políticos“, decía él, que además de en muchas guerras se ha curtido en la prensa local como profesional de “El Heraldo de Aragón“. Eso hace más valiosa su última frase en la despedida de soitu.es. El espíritu que la impregna merecería estar presente en las facultades de periodismo, en las redacciones y en los dormitorios de muchos profesionales:

La dignidad es más importante que pisotear los principios básicos del periodismo independiente.

La concesión del premio coincide con la exposición “Camboya, tierra de esperanza“, que se muestra hasta el 28 de febrero de 2010 en CaixaForum Barcelona, a la cual corresponde esta galería de imágenes, tomada del material de prensa de la Caixa. Después de mucho tiempo, el fotógrafo ha elegido el color para expresarse.

La raya

Hacía mucho que no pasaba por Monteagudo. El paisaje, el aire, el cielo eran los mismos de siempre, pero se echa en falta el río. Allí es donde el Tiétar marca la raya entre Toledo y Ávila, entre Castilla-La Mancha y Castilla y León. Entre el olvido y la realidad. Una frontera para lugares que vienen a ser todos esquinas de otras partes, retales que quizás nadie se entretuvo en disputar. De camino, en el horizonte, la estampa de El Berrocal angustia. La mancha de la seca crece, como se extienden a los costados las dehesas, el mayor capital de las inmensidades del antiguo Señorío de Oropesa. En ese paisaje extraño de encinares que parecen liofilizados, se encierra la metáfora de esta tierra que se va quedando en el filo; en el de Monteagudo, en cambio, se expresa su esplendor.

Desde Candeleda se llega por una carretera bien acondicionada; desde Oropesa, por una cosida a parches, que se añadieron sobre otros ya antiguos, sin arcenes ni quitamiedos. En la raya de Monteagudo, los carteles verdes a ambos lados del puente anuncian que donde el asfalto brilla como el betún entras en Castilla  y León, y que el territorio de Castilla-La Mancha empieza donde la carretera se convierte en calvas de alquitrán carcomido. Por esa carretera se va y vuelve a la autovía, y de allí a Talavera: a comprar. O se deja de bajar y de comprar, y entonces la metáfora deja de ser una figura literaria para convertirse en una reproducción literal.

En la raya de Monteagudo, como en tantas fronteras, se roza la realidad que debería ser, pero que se queda anclada en el olvido de lo que no se alcanza.

El río Tiétar en Monteagudo, frontera entre Toledo y Ávila.Así de miserable baja el Tiétar; no hace mucho iba seco. Me contaba un paisano que en este otoño raro han caído 80 litros, agua bendita para estas tierras. La foto, tan luminosa como el lugar que refleja, es de un amigo, Jose Peña.También es un gran profesional, pero lo primero, es lo primero.

Anchurón cósmico

La expresión se me ha quedado dando vueltas en la cabeza desde que el viernes la utilizó el presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda, en la inauguración de varios tramos de la A-43. Dijo el presidente que cuando la autovía esté acabada se podrá ir desde el océano Atlántico al mar Mediterráneo, “atravesando este anchurón cósmico que es Castilla-La Mancha”. Una definición así hay que pensarla un rato. La comenté por ver si me aclaraban el sentido y una mente más ágil la asoció enseguida con los acontecimientos histórico-planetarios de Leire Pajín:

Les sugiero que estén atentos al próximo acontecimiento histórico que se producirá en nuestro planeta: la coincidencia en breve de dos presidencias progresistas a ambos lados del Atlántico, la presidencia de Obama en EEUU y Zapatero presidiendo la UE (Intervención de Leire Pajín en Madrid, 3 de junio de 2009 en un desayuno informativo)

La comparación es una maldad y un imposible: lo de Leire Pajín será tan difícil de superar como algunas de las actitudes con las que la criticaron, de un paternalista que ya era caduco hace siglos. Pero que el anchurón cósmico figurara como titular en la nota oficial que distribuyó la Presidencia de la Junta de Comunidades sobre el acto, denota que lo que a mí me puede parecer una cursilería accesoria, hay quien lo considera el mensaje principal.

De siempre me ha parecido que uno de los valores principales de José María Barreda como político se encuentra en su profundidad intelectual. En estos tiempos de ramplonería y falta de fuste, no debería disimularla con paseos por el cosmos, sobre todo cuando en el suelo hay tanta tarea por hacer. Está muy bien que se inauguren autovías, porque así estará más cerca el día en que las siete grandes ciudades de la Región tendrán una comunicación directa. No sé cómo se verá entonces Castilla-La Mancha desde el espacio, pero desde tierra firme se presentará bastante más sólida y creíble.

Soitu y el futuro

Ayer se despidió soitu.es, un medio digital o un periódico, como lo llamaríamos a la manera tradicional, que ha tenido una travesía de 22 meses y buena aceptación. Lo anunció por la mañana su director, Gumersindo de la Fuente, en un artículo, Hasta la vista y gracias, en el que explicaba las razones, que vienen a ser las habituales en estos casos, agravadas por una situación de crisis que está golpeando con fuerza en el sector de la comunicación. El respaldo económico se ha terminado y el medio no ha tenido tiempo de cuajar:

Los proyectos que nacen en sectores inmaduros y crecen en momentos de turbulencias necesitan paciencia para encontrar su sitio (…)

En unas declaraciones a elpais.com De la Fuente era más específico:

El problema es que la publicidad se ha derrumbado. Teníamos, pero a precios imposibles.

La historia le puede sonar familiar a bastantes empresarios y a muchos profesionales que en el último año se han visto expuestos a los rigores de una crisis cuyo alcance puede no conocerse todavía. Eso demuestra que un medio se parece a cualquier otra empresa, aunque a los periodistas nos guste rodearlo de mucho halo romántico y vocacional.

Soitu me ha parecido un medio modesto, bien resuelto. Fresco, periodístico, con contenidos propios, sin trucos y con la capacidad de reacción y riesgo que exige la inmediatez de internet. La apuesta por temas y tratamientos diferentes, con su análisis y cierto atrevimiento; las innovaciones tecnológicas como su selector de noticias, que incorporaba recomendaciones enlazadas de los mejores contenidos de la web, y una competente nómina de colaboradores, han estado entre sus aciertos. He sido fiel seguidora del blog del fotógrafo Gervasio Sánchez, Los desastres de la guerra, y de El Descodificador de Javier Pérez de Albéniz.

Y no he estado sola navegando por el website. Los datos de la OJD que ayer circulaban con la noticia del cierre le sitúan en el número 11 entre los medios de noticias generales, con más de un millón de usuarios únicos en septiembre. Por tanto, no habría fallado ni la audiencia ni el producto, sino más bien el modelo de negocio.

En plena crisis aguda de los medios tradicionales se recurre con mucha ligereza a un supuesto filón de internet, que se busca como un tesoro y no se acaba de encontrar. Los cálculos se basan en la paulatina pérdida de lectores de la prensa generalista en papel, frente al crecimiento de los seguidores de los medios digitales, pero quizás sea una simpleza deducir que con la audiencia se está trasladando también el negocio. Además, bajo el erróneo presupuesto de que internet es gratis y de que producir contenidos para la red sale barato. Los medios tradicionales tienen sus propios recursos de negocio, por muy en crisis que estén, mientras los nuevos aún están explorando como rentabilizar las visitas a sus páginas, aunque se cuenten por decenas de miles. Incluidas las ediciones digitales de los grandes periódicos, que viven más de sus hermanos de papel, que de ingresos propios. En la resolución de este laberinto reside en buena parte el futuro de los medios. Un futuro que cada día corre más prisa.

Portada de soitu.es

La noticia del cierre de soitu.es causó bastante conmoción en el mundo 2.0. En Twitter fue lo más comentado del día y en Facebook se abrió un grupo (Yo leo soitu.es) que antes de la medianoche rozaba los mil seguidores. Los medios (El Pais, Abc o Rtve, por ejemplo) se hicieron eco, con indisimulado cariño en la mayoría de los casos. Mara Torres (La 2 Noticias) les dedicó un post a su estilo y el despliegue de abc.es incluía un artículo muy elogioso de su subdirector, Manuel Erice.

Dentro del amargo trago que supone el cierre de un medio, que tanto se asemeja a un ser vivo, la redacción de soitu.es no ha querido hacer una tragedia y sus 23 trabajadores estarán hoy, el día después, en lo que ellos mismos han llamado la capilla ardiente. Lo anunciaron ayer: “Estamos en la calle Cochabamba, 11 de Madrid. Vente a darnos el pésame, aquí estamos de cuerpo presente. Eso sí, vivitos y coleando porque la energía no se destruye, se transforma”.

VIsita de alcaldes a potabilizadora de Navalcán

Estos son alcaldes y autoridades principales de la Campana de Oropesa, que se retrataron hace unos días con el delegado provincial de Ordenación del Territorio y Vivienda, Félix Ortega, en la visita que hicieron juntos a las obras de la nueva potabilizadora que mejorará la calidad del agua del embalse de Navalcán. A quienes conozcan la zona, les podrá parecer que la foto, distribuida por la Junta de Comunidades, está tomada en “El Golín”, que ha reverdecido con las lluvias recientes, pero en realidad debe tener como escenario los inciertos parajes de Silicon Valley.

En el mundo real sería difícil que los alcaldes de municipios que llevan sin agua potable desde que empezó el verano de 2009, se prestaran a inmortalizarse tan contentos, después de una de esas visitas organizadas para propaganda de inversiones que deberían estar ejecutadas hace décadas y a mayor gloria de la administración que las ejecuta. La mejor prueba de que esa obra debería estar hace tiempo, la dan los propios ayuntamientos que, con o sin el apoyo de otras instituciones, vienen asumiendo el coste y el reparto de las garrafas con el que se suple la falta de agua corriente potable.

Por la incoherencia de fondo del asunto, parece probable que la foto se haya tomado en el Valle de la Silicona, donde los políticos que han sido elegidos para representar a sus ciudadanos pueden poner cara de satisfacción anticipada, en lugar del gesto de disgusto correspondiente a la situación que vienen padeciendo. Lo que en cambio pertenece a la dimensión de la realidad pura y dura es el reparto de garrafas de agua o los camiones cisterna, y el plazo que se da a la finalización de la obra que garantizará agua potable a la Campana de Oropesa: el verano de 2010.

Mientras tanto, a los 15.000 vecinos afectados por todo lo largo y ancho de la Campana de Oropesa, les queda confiar en que sus municipios hagan la transición al siglo XX y en que el otoño venga lluvioso, para que puedan recuperar la captación de agua del Tiétar, que perdieron hace cuatro meses por la sequía del río. Entonces empezará a quedarles más cerca el siglo XXI.

Agua

La última vez que nos vimos nos estrechamos en un abrazo lento. Era un mediodía de viernes en el Hospital Nuestra Señora del Prado de Talavera; tres días después, la noche del 20 de octubre de 2008, José Luis Reneo fallecía en aquella misma habitación.

La mañana de su entierro llovía fuerte y sin tregua, y le acompañaba mucha gente en el cementerio de Talavera. Ayer, bajo un brillante sol de otoño, me costó localizar el lugar. Con un ramo de flores blancas sobre el brazo, busqué demasiado a la izquierda, donde recordaba haber estado durante el entierro. Le encontré donde decía Cristina Manso, en el artículo más hermoso de los que he leído en su memoria:

Está enterrado, seguramente, bajo el ciprés más alto del cementerio, paradójicamente, a los pies del panteón de Ruiz de Luna (…)

A los pies del panteón de la familia Ruiz de Luna Arroyo, en un túmulo que queda oculto por las tumbas altas de alrededor y bajo una lápida antigua de un mármol que ha tenido tiempo de amarillear desde 1928. En la parte de abajo han superpuesto otro mármol pequeño, de un blanco deslumbrante, con su nombre y las fechas de su nacimiento y muerte.

Aunque no lleve su nombre, seguiré sintiendo más su presencia en la placa de cerámica que la Asociación de Amigos del Museo de Cerámica, que contribuyó a fundar y presidió hasta su muerte, dedicó a Cervantes en  la calle San Agustín El Viejo, que queda a medio camino entre su casa de la calle Pescaderías y su segunda casa del Museo Ruiz de Luna. Uno de esos detalles, pequeños en apariencia, muy suyos.

El martes 20, coincidiendo con el aniversario de su fallecimiento los Amigos del Museo le dedicarán una placa en el interior del ‘Ruiz de Luna’. Será el prólogo de un homenaje más amplio en el que vienen trabajando desde hace tiempo, para que permanezca en la memoria colectiva de Talavera y de la Cultura la figura del activista creativo, del mecenas, del hombre. Entre otras contribuciones, han tomado el empeño de reunir la colección de cerámica de José Luis Reneo, que sea quizás el mejor reflejo de sus múltiples inquietudes y de su sensibilidad, y un testimonio poco común de amor al arte talaverano por excelencia y, por extensión, de vocación absoluta hacia Talavera.

Sonaría bien decir que aquel último mediodía en el hospital ambos presentimos que acaso no quedara tiempo para más encuentros y buscamos un abrazo largo. La realidad es que era muy sensorial y que se detuvo a olfatearme, hastiado sin duda del tufo a medicamentos. Entre tantos olvidos recuerdo lo último que me dijo, porque me preguntó qué perfume llevaba. Me parece que aquel día sólo le contesté con una caricia en el pelo. Agua, se llama sólo “Agua”.

La red en general y la blogosfera en particular se han convertido en un gran medio de activismo. Como este Post Secret es joven no había tenido oportunidad de participar en el Blog Action Day, que se celebra el 15 de octubre. El tema de este año es el cambio climático y hay blogueros de todo el mundo sumando su granito de ciberespacio para apoyar la causa. Aquí queda el mío.

Blog Action Day

La falta de una planificación a escala humana y la avaricia miope que nubla hasta los horizontes más cercanos, están hipotecando el hoy y el futuro. Se ve en lo grande y se siente de manera más intensa en lo más próximo. Me inquieta el ritmo al que se deshacen los polos, las especies que desaparecen devoradas por un desarrollo que no les deja sitio y la fragilidad de las capas que nos protegen del sol.

Pero me duele el tono pardo que se extiende por El Berrocal, donde las encinas se mueren y temo por las dehesas sin fin que forman, desde que tengo recuerdos, el paisaje de mi identidad. Lo poco que los encinares necesitan para sobrevivir, se les está negando, y con ellos aniquilamos el patrimonio natural de varias generaciones.

Me duelen los ríos, que lo fueron antes de ser sumideros: Guadyerbas, Alberche y el Tajo, el padre Tajo. En lugar de ser cauces vivos, arrastran el vacío o las sobras de industrias y ciudades.

Me duelen los campos y los pueblos que se abandonan, porque con ellos se nos acabará yendo una parte muy valiosa de la Vida. Hoy no alcanzamos a verlo y cuando seamos capaces de entenderlo, no tendremos posibilidad de remediarlo.

Todavía estamos a tiempo. Hoy aún es posible.

El expolio

La convicción de que en los cálculos de futuro de quienes toman las decisiones estratégicas figuran las tierras de Talavera como despoblados, me viene de atrás y se me reafirma con el paso del tiempo. Hablo de La Jara y La Sierra de San Vicente, pero también de la Campana de Oropesa y de esas otras tierras que se alargan más allá de las fronteras administrativas de la provincia, pero que están dentro de su ámbito de influencia y de su identidad.

No encuentro otras explicaciones a la política que se ha seguido con esta zona y que se asemeja mucho a una liquidación por cierre. La era de la descentralización ha traído más abandono, ahora desde más cerca, y con ello más despoblamiento. Mi impresión es que en el mapa de futuro, esta zona será una de esas calvas que le van saliendo a la España de interior, como ya lo son parte de las provincias de Guadalajara y Cuenca. Por eso, y también porque les hemos salido tan mansos como esperaban, se ha llegado a la funesta conclusión de que aquí no se necesitan recursos vitales como el agua. De hecho, en la Campana hay quince mil almas que hace varios meses dejaron de tener agua potable y, a ratos, hasta agua corriente, porque la que les queda cerca se parece a la de cualquiera de los cauces que, debiendo regarlas, pasan de largo por estas tierras: o ha dejado de pasar o es inmunda.

Que en estas circunstancias haya que asistir a la enésima amenaza sobre un trasvase del Tajo medio, clama al cielo más que de costumbre. También porque esta vez la amenaza no va de farol; si la Junta de Extremadura se va a gastar 450.000 euros en estudiar un trasvase del Tajo medio al Levante y otra derivación interna, caben pocas posibilidades de que vaya a darse a sí misma la respuesta de ocasiones precedentes: no es viable. Que no es sostenible ni lógico, no hace falta que lo diga ningún estudio multimillonario. Una mirada basta. Pero los razonamientos políticos van por otros derroteros y esos los explicaba muy bien, hace unos meses, María Soledad Gallego Bernard en un artículo publicado en Hoy, “¿De quién es el Tajo?”, que conviene refrescar y del que me quedo, sobre todo, con la valía de la conclusión:

En lugares de poca población, es vital la información y el apoyo externo, para contrarrestar la fuerza y las presiones económicas y políticas de los usuarios de otras regiones dispuestos a llevarse como sea el agua de otras zonas, cueste lo que cueste al resto de la sociedad [...] (Diario Hoy, 14 de marzo de 2009)

La Junta extemeña está comandada por el PSOE, al igual que el Gobierno central, que no parece que vaya a poner muchos reparos a esta iniciativa. Del otro lado, del PP, se han atrincherado en el discurso de que lo mejor era su Plan Hidrológico Nacional que derogó Zapatero nada más llegar a La Moncloa. Cada vez que lo dicen, habría que recordar que ese era el Plan que contemplaba la presa de Monteagudo, en el mismo Tajo medio, pero reventando un pulmón de las tierras talaveranas.

Unas tierras que no parecen contar para nadie que no se acerque con intenciones buitreras, ni para nada que no sea expoliar, a la vista de los planes varios que se han pensado sobre su territorio, a cual más dañino. Consentir el expolio del agua equivale a firmar el acta de defunción de la zona hasta ahora menos amenazada de la comarca, la Campana de Oropesa, y, es probable, que también de la más castigada, La Jara. Esto no es una refriega entre partidos, ni una lucha de poderíos autonómicos. Esto es una cuestión esencial, de supervivencia pura y dura.

El activismo de los columnistas de La Tribuna en la defensa de lo nuestro está sobradamente acreditado. Además, aportan información valiosa:

Miguel Ángel Sánchez: Empieza el baile. Es muy recomendable una visita a su blog, que, como su columna semanal, se llama Querencias

Ángel Monterrubio: Algo habrá que hacer

Las resacas de un día son el mal recuerdo de una ocasión que se hubiera merecido otro mejor. Si duran una semana, se deben convertir en una pesadilla. La resaca del Debate sobre el Estado de la Ciudad tiene eco y una semana después el ruido ha acabado llegando hasta Silicon Valley, por donde retumba el sonido amplificado de  una tecla de ordenador. Se oyen también las confusas explicaciones del portavoz del Gobierno municipal, Tirso Lumbreras, asumiendo la responsabilidad que conlleva haber apretado esa tecla. Porque en el mundo paralelo de Silicon Valley no importa que se pulse la opción de imprimir en el menú de un programa de ordenador; el programa, el ordenador o la impresora, vaya usted a saber, puede decidir luego qué imprime y qué se guarda.

En este caso se encargó de marchitar la florecilla de un Debate histórico, una resolución en la que el Ayuntamiento pedía que el AVE se haga bien y pronto, sin más retrasos del Ministerio de Fomento ni más sufrimientos para los talaveranos. Ha sido la resolución que nunca llegó a nacer, mientras se debe estar buscando a los posibles culpables, entre los circuitos que van desde el teclado a la bandeja de papel de la impresora. No se conoce que la investigación haya dado frutos, por el momento.

Antes en los periódicos se recurría a unos personajes muy socorridos: los duendes de imprenta. Igual se les invocaba para justificar la errata más imperdonable, que para no tener que admitir la falta de ortografía más escandalosa. No era raro que al día siguiente de una metedura de pata, el bochorno se salvara con una disculpa escueta que cargaba el mochuelo a los duendecillos. Total, seguro que nadie les iba a preguntar su versión. En sus inexistentes espaldas, los duendes han cargado pesos inmensos, de tal forma que cuando alguna vez el fallo se correspondía con una causa azarosa que de verdad carecía de explicación lógica, el recurso a estos personajillos sonaba tan increíble como siempre.

No me cabe duda de que en el Valle de la Silicona los duendes de imprenta se pueden sentir en casa y de que fuera de allí no tienen nada que hacer, salvo que les contrate el Ayuntamiento de Talavera. Le vendría bien contar para estos casos con una excusa perfecta que no conceda margen a la duda, porque es como los Misterios: cuestión de fe.

Del caso del Debate sobre el Estado de la Ciudad, del papel que no se imprimió, de la resolución del AVE que nunca se llegó a presentar, de cómo ninguno de los 25 concejales lo echó en falta aunque se refería al asunto de más trascendencia para la ciudad y que más han discutido los dos grupos políticos, y de las explicaciones que se han dado después, con demora y con propina, puede salir el guión del nuevo éxito televisivo planetario. El título está cantado: “Lost in the printer”.

Historias

Acabo de leer “Historias de Nueva York“, del periodista Enric González. Me ha gustado tanto o más que la primera vez, pero lo he disfrutado de otra forma, sin tanta urgencia. Cuando sabes donde vas a llegar, dejas de tener prisa, lo que interesa es el puro placer de ir.

Leí “Historias de Nueva York” en el verano de 2007, antes de viajar por primera vez a Manhattan. Me duró una sentada y me causó un subidón, añadido al que ya me provocaba la proximidad del viaje. No fui al bar donde Dylan Thomas se tomó la última copa, ni a probar la mejor carne de la city y lamento no haber retenido lugares que ahora me parecen altamente recomendables. No seguí ninguna de las huellas que había dejado marcadas el autor, pero en cambio me quedé con su pasión por la ciudad y me empapé de su magistral forma de contagiarla.

El libro es una crónica escrita en la distancia, con hallazgos personales, sentimientos y recortes de historia, que atrapa como un imán. Me parece periodismo puro. Hace poco el escritor José Saramago describía con entusiasmo la satisfacción que llega a provocar su lectura, sin acertar a encuadrarlo en un género:

La palabra deslumbramiento no es exagerada. Libros sobre ciudades son casi tantos como las estrellas en el cielo, pero, por lo que conozco, ninguno es como éste. Creía que conocía satisfactoriamente Manhattan y sus alrededores, pero la dimensión de mi equivocación se manifestó clara en las primeras páginas del libro. Pocas lecturas me han dado tanto placer en estos últimos años. (Del Cuaderno de Saramago)

Después de leerlo, lPortada de Historias de Nueva York, de Enric González. RBA, 2006o presté y acabé por regalarlo. A algunos libros hay que dejarlos volar, porque merecen mejor destino. Éste ganó mucho con la mudanza. Hace algunas semanas volví a comprarlo para leerlo a poquitos, condurándolo, y de momento se quedará en casa, a mano.

Enric González ha sido lo que tantos periodistas hemos soñado alguna vez, corresponsal internacional. En Londres, París, Nueva York, Washington y Roma, por este orden, y ha escrito tres libros: “Historias de Londres”, “Historias de Nueva York” e “Historias del calcio”. En una profesión y un tiempo faltos de referentes éticos, me parece que él lo es, cada día desde esas columnillas de la sección de televisión de El País, su periódico, que busco como la recompensa a tanta inanidad. Disfruto leyéndole, porque me recuerda el valor de la palabra, de cada palabra, y por la envidia que me provoca su maestría para enhebrarlas.

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