Su música, pero también su figura enjuta, la historia de sus amores y sus caídas están incorporadas a mi experiencia emocional. Le compartí durante largos años con la persona más importante de mi vida, y ahora, mucho tiempo después de que el ayer sea pasado, su muerte enhebra los recuerdos. Viendo la conmoción en torno a la figura de Antonio Vega me he dado cuenta de que no era el artista que desde la intimidad daba medio por olvidado. Sólo viendo desde ayer los mil y un lugares que arden en su homenaje, descubro que había un sinfín de rincones de intimidad similares al que yo le guardaba. Era un mito.
Quien me inoculó el virus de Antonio Vega me sacaba unos años que hoy resultarían irrelevantes. Ayer un compañero al que debo llevar más de diez años me preguntaba por mi canción favorita entre las suyas (“El sitio de mi recreo”, le contesté). Era uno de esos artistas raros que impregnan a varias generaciones. Raro no porque guste por igual a los de 25 o a los de 50, sino por la intensidad con que gustaba. Es lo que tiene la melancolía, que se cuela hasta dentro y que no admite distinciones.
Seguramente porque lo llevamos incorporado a nuestra cultura, al margen de las convicciones personales acabamos cargando con cierto interés por lo religioso. En mi caso siento debilidad por los santos y cuando intento destacar mucho a un personaje, antes que el don le aplico un san. Mi San Antonio Vega tiene hasta canción, una suya: “San Antonio”, que en realidad habla de una historia que pasó un 13 de junio; una historia de tragedias corrientes, para un santo laico.
No sé si “San Antonio” está entre sus mejores composiciones, pero no he escuchado ninguna que no me encante. Antonio Vega, a secas y despegado de Nacha Pop, ha sido un excelente compositor, con canciones que forman parte del paisaje sentimental de varias generaciones, un artista muy personal y ha tenido además la cualidad de hacer versiones que mejoraban el original. “Me quedo contigo”, de Los Chunguitos, y, sobre todo, “El romance de Curro El Palmo” de Serrat son un par de ejemplos que venero. Desde ayer el estribillo de Currito El Palmo, acariciado por la voz de Antonio, no se me va de la cabeza:
Ay mi amor, sin ti no entiendo el despertar,
ay mi amor, sin ti mi cama es ancha.
Ay mi amor, que me desvela la verdad,
entre tu y yo la soledad
y un manojillo de escarcha…
Viñeta homenaje a Antonio Vega, por Javi García
Esta viñeta se ha publicado hoy en la última página del periódico. Me parece un bonito homenaje de Javi García. Desde ayer se han hecho muchos, me ha resultado precioso el de RTVE, en su página web, con mucho material, muy bien escogido, pero, sobre todo, con mucho sentimiento. Dejo el enlace aquí Adiós a Antonio Vega. Ese chico triste y solitario… Hermosa la pieza sin palabras de La 2 Noticias, se puede volver a ver en el blog de Mara Torres.

Me quedo contigo es de C. Ramos Prada
Los sentimientos son tan universales como la música. Gracias por compartir los vuestros, tan próximos.
Ha sido un mito en vida y lo seguirá siendo, siempre.
Concierto del 28 de marzo en Bilbao:
http://trampasratoniles.wordpress.com/2009/03/29/antonio-vega-antzoki-280309/
Recopilación de algunos links con comentarios de personas sensibles y afectadas:
http://trampasratoniles.wordpress.com/2009/05/13/%c2%a1hasta-siempre-antonio/
Un abrazo,
Eva
Descubrí a Antonio Vega gracias a mi Rober, que es un enamorado de su música. Y enseguida percibí en sus letras ese poso de melancolía que tanto me fascina de mi Manolo García. Aunque las músicas de ambos son bien distintas, sus letras comparten la esencia: están escritas desde lo más hondo del alma de sus autores, aunque lo que ellos realmente son es poetas.
Sin ánimo de robar el protagonismo que merece Antonio Vega (nunca me cansaré de escuchar su ‘Me quedo contigo’ de Los Chunguitos), anoche redescubrí una de las canciones que más me emocionan de Manolo García, una de las muchas joyas del tesoro que él regala a todo el que se acerca a su música. La letra es una maravilla, pero a quienes no la conozcan les recomiendo que escuchen la canción. Se titula ‘Éramos’ y dice así:
Éramos, bajo un techo de hojas, gamos en el corazón del bosque; hierba fresca que jamás sería hollada. Éramos jugosa y brillante hierba por la escarcha perlada.
Hoy no sé ni quién soy, y hoy no sé ni a dónde voy.
Sólo si hay llama de amor, vuelve la esencia. Sólo si la piel dormida despierta, sabré quién soy, sabré hacia dónde voy.
Éramos la música en el murmullo de la corriente, el milagro del fuego, el terror al eclipse. Laderas éramos, que eran mares de espigas en el suave oleaje de lo que éramos.
Hasta dónde puede alcanzar la razón, infinita condena de azules quebradas. Bruma, seno de una tierra virgen, hasta dónde andará el corazón.
Éramos, éramos primigenio mundo de abismos y luces, paraíso calmo sin límite de distancias. En la profunda fronda, adormecidas fieras, habitantes callados de las cavernas.
Desde donde se mueven la mano y el ojo, éramos astil, pedernal y bronce. Luego rueda, muralla, silo. Poco a poco, todo habría terminado. Éramos…
No creo en eso de los “ídolos generacionales” pero el caso es que existir, existen; no sé si para bien o para mal Antonio Vega es uno de ellos aunque a mí esta circunstancia no me importa gran cosa; tampoco me llama mucho la atención su vida más o menos azarosa y torturada, en esto no soy demasiado morboso, lo que más me atrae de él, y así lo tengo escrito, es su enorme calidad como compositor y poeta, una calidad que tal vez todavía no todo el mundo ha llegado a apreciar, pero estoy seguro que el tiempo le pondrá en su lugar. No dudo, mejor dicho, estoy seguro que tanta intensidad y sensibilidad como Antonio ha derramado en sus canciones, acabará siendo reconocida universalmente por difícil que sea; no, su obra no es sólo una exquisitez para iniciados hipercultivados, su obra está compuesta de intensas descargas de poesía y sensibilidad que obligatoriamente deben llegar a todos.
Y si no, al tiempo