Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 29 septiembre 2009

Desde el primer día, el Smart del periódico fue bautizado como  el “Tribunito” y mantuvo el nombre hasta el final. Era el “Tribunito” en broma y en serio, cuando se contaban anécdotas y a la hora de mantener las discusiones más acaloradas. El primer rodaje se lo hizo Manu Reino, cuando lo recogimos en Toledo y lo estrenamos los dos de camino a Talavera. Dudo que hubiésemos viajado más contentos en un Rolls. Aquel coche, con su nombre propio, se iba a convertir en el símbolo de un tiempo en el periódico.

Su particular formato y la llamativa serigrafía lo hicieron enseguida reconocible en toda la comarca. No sé cuántos kilómetros llevaba cuando le llegó el retiro, pero la mayoría los había hecho por las olvidadas carreteras de La Jara, la Sierra de San Vicente y la Campana de Oropesa o de camino a su encuentro. Imagino que eso tuvo que ver con las frecuentes visitas al taller, el único punto antipático del “Tribunito”, que pasó varias temporadas descansando, sustituido por un impersonal coche de alquiler. De su versatilidad para aparcarlo me llegó algún comentario muy directo de la Policía Local, que interpretamos como la amable sugerencia que era.

Cuando hace un par de años se cambió, a ninguno nos extrañó que el nuevo “207” pasara a ser el coche, a secas. Nunca ha tenido nombre, ni la personalidad propia que tuvo el “Tribunito”, mucho menos práctico, más incómodo, con bastantes menos prestaciones, pero más entrañable. Quizás por aquello de que fue el primero o porque lo pequeño puede inspirar más ternura.

Ha sido una tira de Javi García lo que me ha recordado al entrañable “Tribunito”.  Se la ha dedicado estos días a Leticia García Colao y Manu Reino, compañeros ambos del periódico, para felicitarles porque acaban de tener su primer hijo: Manuel, que nació el día 24 en el Hospital Nuestra Señora del Prado de Talavera. En una redacción se comparten tantas horas y tantas cosas, que lo normal es que las circunstancias personales pasen a hacerse colectivas. Por eso, y también por lo que ha llovido y por lo que ha escampado, Manuel es como familia nuestra. La segunda generación.

26 de septiembre de 2009

Tira de Javi García publicada en La Tribuna el 26 de septiembre.

Anuncios

Read Full Post »

Otoño

El otoño es la estación de la melancolía, esa incomprendida que a veces confundimos con la nostalgia. Quienes intentamos resistirnos a ese sinvivir que nos resulta tan familiar habitamos una estación duradera, que transita por igual a lo largo y ancho de todo el año, pero que cae de golpe y sin anunciarse en los primeros barruntos del otoño convencional. Eso suele llegar antes de que se note que los días se van acortando, que los colores se transforman o que hay que ir pensando en hacer el cambio de armario. Es decir, que a estas alturas ya ha brotado y ha dejado por el camino alguna tormenta.

Espero que ese primer brote, muy madrugador, me inmunice para melancolías mayores durante una buena temporada. Mientras, aprovecharé para entretenerme en las inofensivas, que empiezan con los versos de Neruda que siempre se me vienen cuando se presentan los primeros frescos: tu recuerdo es de luz, de humo, de estanque en calma… Y con las estampas deslumbrantes que dejan las luces tempranas del otoño.

El sol de la granada anunciando el otoño en el patio de Parrillas.

El sol de la granada. Estampa de otoño en Parrillas.

Read Full Post »

Quejumbre compartida

Lo cuenta Eduardo Rodrigálvarez en El País, en el anecdotario que le va dejando esta Vuelta a España que ha pasado estos días por Talavera. Le llama la atención algo que los talaveranos damos por normal, a base de costumbre, y lo clasifica dentro de los asuntos manifiestamente mejorables.

¿Cabe pensar que llegándote de Ciudad Real a Talavera de la Reina por la carretera nacional, primero, y la autovía después, no haya ningún cartel que anuncie que vas en dirección a la ciudad de la cerámica? En cambio, te hartas de saber que vas en dirección a Maqueda. Talavera tiene 75.000 habitantes. Maqueda, algo más de 500. ¿Curioso, no? Sobre todo cuando se te despista el GPS y se empeña en que gires a la derecha y te metas en un sembrado. A falta de 34 kilómetros la autovía se digna a avisarte de que estás acercándote a Talavera. Gracias, majos. (…) elpais.com 18 de septiembre 2009

Las quejas que salen de Talavera se interpretan como orgullo herido y se archivan en un apartado con la etiqueta de quejumbres talaveranas. Por eso y por otras cosas nos dicen diferentes, en un tono que no me suena a halago. Es sólo un ejemplo, pero oportuno, porque en el nombre se encierra la identidad. Es lo último de lo que se puede despojar a nadie.

Sobre la Vuelta, no he escuchado los elogios que consiguió en 2007. Tampoco la ciudad ha brillado como entonces, en parte por la lluvia y el frío repentino que acompañó la salida de la etapa del 17. Según le contó a toda la audiencia un comentarista de Tve, había sido la salida peor organizada del circuito. En todo caso, el nombre de Talavera ha aparecido en un aluvión de medios, aunque algunos la hayan trasladado a la provincia de Ávila.

Read Full Post »

Los síntomas empiezan a ser agudos: el verano se acaba. Cuando se vuelve la hoja de agosto del calendario, comienza eso que entendemos por normalidad y que a menudo resulta tan rara.

Normalidad es, por ejemplo, volver a Silicon Valley. Después de un tiempo de obligada instalación en la realidad, sienta bien. Esta es mi segunda Crónica de Silicon Valley y la protagoniza su legítimo inspirador: Gonzalo Lago. Las propuestas del portavoz y presidente del Partido Popular en Talavera para la programación de las ferias están siendo muy comentadas. Ahí va la lista acompañada de los argumentos que ha ofrecido: la cantante colombiana Shakira (para promocionar a los intérpretes españoles), Coldplay (porque su cantante, Chris Martin, está casado con Gwyneth Paltrow, la internacional hija adoptiva de Talavera); Fito y Fitipaldis (porque el público les reclama; no sé si tendrá algo que ver que hoy mismo lance su nuevo y esperado disco); los madrileños Pereza (porque son toledanos, dice, y apenas han iniciado el lanzamiento de su gran “Aviones”); y también Julio Iglesias, Joan Manuel Serrat o El Sueño de Morfeo.

En la dimensión surrealista de Silicon Valley (el Valle de la Silicona, en traducción de Lago) puede haber cantantes españolas de Colombia y toledanos de Madrid, y actuaciones en abierto de grupos tan cotizados como Coldplay, que en Barcelona ha agotado este verano 63.500 entradas que no eran precisamente a precio de ganga. Hablando de dinero, en aquella dimensión se podría pagar el caché del grupo de Chris Martin, porque no andaría muy lejos del de Los Chichos. Como mucho, sería cosa de ajustar el número de actuaciones: “Preferimos tres muy buenas a 10 que no lo son tanto“, dice el proponente.

Estaría dispuesta a que se quedara sólo en una, a condición de que fuera Bruce Springsteen. De momento os dejo con Coldplay en Youtube, a falta de directo. Nos vemos en las Ferias o por Silicon Valley.


Read Full Post »

Nueva York se conoce sin necesidad de poner el pie en Times Square y al volver, se siente el mismo impacto de la primera vez. Dos años después, he disfrutado lugares comunes, que ya lo eran antes de haberlos materializado. No sé contar cuántas veces antes y después de hacerlo he visto la ciudad iluminada desde las alturas del Empire, ni el ‘zoom’ de la panorámica desde el ferry de Staten Island, o he experimentado la explosión vital del puente de Brooklyn o  Central Park, que parecen repletos de extras dispuestos para la próxima superproducción. Después del primer viaje esos escenarios quedaron como mi catálogo favorito de tópicos neoyorquinos, con los que no he descubierto la pólvora, pero he sentido el pulso de esa ciudad única. Luego lo he encontrado con más calma en las tardes de la Quinta y de cualquiera de las grandes avenidas, en los mediodías de Bryan Park o en las noches de Greenwich Village. Todo eso y mucho más ha quedado asociado a una expresión que he escuchado como una letanía inyectada en adrenalina, en las idas y venidas por Manhattan y que es ya permanente evocación de la ciudad: “¡Qué pasada, qué pasada, qué pasada!”.

Entre tantas sensaciones me decido por una muy personal, uno de esos hallazgos en apariencia casuales. Hablo de un barrio, Morningside, en Harlem y de un parquecillo. Esa mañana lloviznaba bajo un cielo plomizo y una humedad pegajosa. Llegamos buscando una iglesia de la que acabamos desistiendo, en beneficio de una pequeña, de las que no aparecen en las recomendaciones, pero que resultó un hallazgo emocionante. Antes de eso fuimos en metro, caminamos, tomamos un taxi y otra vez perdidos después de pasar por la Universidad de Columbia aparecimos delante de Morningside Park. De esa forma se descubre que hay lugares que existen más allá de los cuentos. Apenas se veía gente, pero de un momento a otro esperaba que apareciera la abuela de “Caperucita en Manhattan”, con aquel vestido de seda verde que la niña Sara Allen asociaba a las grandes ocasiones.

No sabría decir si es una novela corta o un cuento largo, pero sí que sobre esa obra de Carmen Martín Gaite, recién releída esos días, se ha construido en buena parte mi geografía de Nueva York. De forma inesperada me encontraba atravesando el barrio y el parque por el que en el relato planeaba la sombra de los crímenes siniestros del vampiro del Bronx. Como Sara, la protagonista de “Caperucita en Manhattan”, también llevo incorporado aquel espacio a mi  Nueva York particular:

Sus primeras fantasías infantiles se habían tejido en torno a aquel nombre -Morningside-, que le parecía maravilloso por el sonido que tenía al decirlo, como de aleteo de pájaros, y también, claro, porque significaba “al lado de la mañana”, que es cosa muy bonita (…)

Había iniciado el viaje soñando rozar el cielo, como en “Tu y yo”, y en el equipaje de vuelta me traía la dulce sensación de haber estado además al lado de la mañana. De haberme colado en un cuento.

Morningside Park, 25 de agosto de 2009

Morningside Park, 23 de agosto de 2009

No es intencionado que esta entrada con Nueva York de protagonista se publique el 11-S, pero he leído que justo hoy se cumplen 400 años del descubrimiento de la isla de Manhattan y me gusta esa coincidencia. Yo la he descubierto bastante después de esa fecha y me queda la convicción de que seguiré haciéndolo muchas veces. Mucho de este segundo descubrimiento se lo debo a la cicerone mayor del trío expedicionario, Natalia, por su inagotable mundología neoyorquina y por esa manera suya tan contagiosa de disfrutar de cada momento. Sin Alberto, el tercero en concordia e intérprete no oficial del grupo, habríamos tenido mucho más difícil llegar ni a la vuelta de la esquina ni a las cervezas más fresquitas de la city, aunque hablando de descubrimientos su buen humor queda entre los memorables.

En el Empire, después de rozar el cielo.

En el Empire, después de rozar el cielo.

Read Full Post »