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Archive for 25 noviembre 2009

El 19 de noviembre ha sido una fecha destacada para La Tribuna de Talavera. Nos entregaron uno de los galardones de los I Premios COPE Talavera, una C que es la interpretación en cerámica talaverana del logotipo de la cadena de emisoras. Es nuestro primer premio importante, con gala de entrega, discursos y esas cosas que tan bien conocemos, porque hemos informado de muchos, aunque hasta ahora nos había tocado hacerlo siempre desde el otro lado. Esta vez fuimos protagonistas y ha sido una alegría y un orgullo. El perfil, tan talaverano, de los premios ha amplificado todas esas sensaciones y que el reconocimiento venga de un medio de comunicación supone otro plus añadido. En una profesión que lleva implícita en el código genético la competencia, los desencuentros resultan más frecuentes que los piropos.

Hicimos un aparte en un día informativamente muy intenso, para acudir en grupo al acto del Teatro Victoria, porque en un periódico se trabaja así, en equipo, y de vez en cuando también nos gusta estar juntos para compartir otras cosas.

Los columnistas del periódico forman parte también de ese equipo. No fue casualidad, sino justicia que Miguel Méndez y Miguel Ángel Sánchez recogieran un premio como portavoces de la Plataforma en Defensa del Tajo y el Alberche. Hará falta tiempo y algo más de perspectiva para entender qué papel han jugado ellos y la movilización del 20-J, pero se viene percibiendo en instancias muy diferentes, desde las instituciones a las organizaciones ecologistas, una variación en la posición de Talavera dentro del ajedrez del agua y los trasvases. Sin voces críticas no estaría ocurriendo ese cambio y las de los ‘Migueles’ simbolizan la defensa a ultranza de esta tierra. Esa es, además, una de nuestras dos vocaciones; la otra es el compromiso del periodismo: la verdad.

Además de a la COPE, la C del premio habla de compañeros. Porque habrá plantillas más numerosas que la de La Tribuna de Talavera, pero es difícil que encuentren un equipo más grande.

Aquí estamos, en plan familiar, con los dos premios: el de La Tribuna y el de la Plataforma del Tajo. Aunque no se le ve, en el carrito está Manuel jr, el más joven del público. Cuando sea mayor podrán contarle que asistió a su primer acto social antes de haber cumplido los dos meses y que fue la gala de COPE Talavera.

La C de Cope luce orgullosa en La Tribuna, junto al Premio +Igual del Instituto de la Mujer y el cuenco que el Centro Cerámico Talavera diseñó para el periódico con motivo del décimo aniversario.

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He sido más de Los Problemas, que de Los Secretos y siempre de Enrique Urquijo. Es una rama importante de mi paisaje sentimental, de una forma parecida, pero diferente a Antonio Vega, con quien se le identifica por trayectoria vital y artística. A Antonio le he compartido y Enrique, en cambio, se me ha quedado más en soledad. Al primero le conocía y al “Secreto” le seguía en una distancia corta, que me deja recordar muchas de sus letras, diez años después de que le encontraran muerto en un portal de Malasaña. No es que tenga buena memoria, sino que le sigo escuchando a menudo. Sobre mi escritorio tengo a mano una docena de CDs; tres son de Enrique Urquijo, grabados con su grupo “Los Problemas”.

No tienen desperdicio, ni en el contenido ni en la forma; llenos desde las portadas de unos preciosos monigotes que me sigue gustando tener a la vista. Los digitalicé hace tiempo, pero no me basta con escucharlos, estos discos se encuadran en mi breve selección que ha superado el Mp3, al que me rendí hace mucho tiempo, porque en este caso necesito el tacto y la vista.

Estos días ha habido varias cosas que me han renovado la nostalgia de Enrique Urquijo, el cantante triste, y me han devuelto la necesidad de escucharle y de repasar sus discos. Ayer mismo, me asaltaba desde ABC una foto con Antonio Vega, ambos muy jóvenes, y muchos recuerdos de otro tiempo. Publicaban también varios artículos, coincidiendo con el décimo aniversario de su muerte, el 17 de noviembre de 1999, y entre ellos uno de Manuel de la Fuente que le retrata como le imaginaba:

Enrique (sobre)vivía, escribía, componía y amaba así, con la frente marchita y los sentimientos en carne viva, los estribillos a flor de piel. Parecía que se dejaba las entrañas en cada estrofa, en cada verso, como si fuese a ser la última, cuando menos, la penúltima, como si cada rima fuese para Canito, para su hija María («¡Agárrate fuerte a mí María, que esta noche es la más fría, Y no consigo dormir!»), para los amores que se fueron y que nunca ya más volverían (…) Del artículo “En un rincón del alma”.

El nuevo recuerdo de Enrique Urquijo que más me ha conmovido no es, en cambio, de Enrique Urquijo. Hay una canción, “Aunque tú no lo sepas“, que está entre mis muchas predilectas de su repertorio y desconocía que Quique González la hubiera compuesto a partir de un poema de Luis García Montero, un autor que me resulta muy cercano. Suelo viajar, por ejemplo, con algún libro suyo y se me ha quedado asociado a las habitaciones de hotel. Escucharle recitar un “Aunque tú no lo sepas” diferente, ha sido un descubrimiento.

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Le he citado varias veces en este blog por su compromiso. Ahora Gervasio Sánchez ha ganado el Premio Nacional de Fotografía 2009. Antes que él, lo recibió en 1996 Cristina García Rodero, que hace unos meses se convertía en el primer profesional de la fotografía de España que ha entrado en la Agencia Magnum, lo mismo que desde que se instauró el premio, en 1994, lo han recibido otros nombres muy prestigiosos. El reconocimiento a Gervasio Sánchez viene a ser un homenaje al fotoperiodismo en su expresión más clásica: la del reportero de guerra. Dudo que haya algún fotógrafo de prensa que no haya fantaseado alguna vez con emular a los grandes clásicos del género como Robert Capa. Gervasio Sánchez  está entre esos grandes, porque en los últimos veinte años ha corrido casi todos los frentes y porque nunca ha querido actuar como un objetivo indiferente. Su fotografía tiene la sinceridad necesaria, pero también el valor de la denuncia, sin compasión, de la injusticia gratuita. Eso se llama compromiso. De la denuncia de una de las secuelas más estériles y brutales de las guerras, las minas antipersona, ha hecho una causa personal constante en su trabajo. Tiene muchos méritos y los ha resumido con acierto el jurado:

Su compromiso continuado con la fotografía como herramienta de denuncia de la violencia en los conflictos armados, por su continuada labor a favor de la justicia y especialmente por su trabajo sobre las minas anti-persona. Asimismo se valora su aportación a la fotografía de reportaje y cómo a través de ella se dignifica a las víctimas fotografiadas, con una mirada particular que enaltece los mejores valores del fotoperiodismo.

Su trabajo y su compromiso profesional, pero también vital, se pueden conocer o recorrer de nuevo en el blog “Los desastres de la guerra“, que durante un año ha estado abierto en soitu.es (el sitio, vivo todavía a través de la selección de trabajos que han dejado, sigue mereciendo un repaso y una visita, al igual que el blog) y que ahora volverá al Heraldo de Aragón.

De lo que le he leído y escuchado a raíz de la concesión del premio me quedo con unas declaraciones a Europa Press en las que consideraba el periodismo local más peligroso que cualquier guerra. “Es donde se cocina todo y donde hay más intereses políticos“, decía él, que además de en muchas guerras se ha curtido en la prensa local como profesional de “El Heraldo de Aragón“. Eso hace más valiosa su última frase en la despedida de soitu.es. El espíritu que la impregna merecería estar presente en las facultades de periodismo, en las redacciones y en los dormitorios de muchos profesionales:

La dignidad es más importante que pisotear los principios básicos del periodismo independiente.

La concesión del premio coincide con la exposición “Camboya, tierra de esperanza“, que se muestra hasta el 28 de febrero de 2010 en CaixaForum Barcelona, a la cual corresponde esta galería de imágenes, tomada del material de prensa de la Caixa. Después de mucho tiempo, el fotógrafo ha elegido el color para expresarse.

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Hacía mucho que no pasaba por Monteagudo. El paisaje, el aire, el cielo eran los mismos de siempre, pero se echa en falta el río. Allí es donde el Tiétar marca la raya entre Toledo y Ávila, entre Castilla-La Mancha y Castilla y León. Entre el olvido y la realidad. Una frontera para lugares que vienen a ser todos esquinas de otras partes, retales que quizás nadie se entretuvo en disputar. De camino, en el horizonte, la estampa de El Berrocal angustia. La mancha de la seca crece, como se extienden a los costados las dehesas, el mayor capital de las inmensidades del antiguo Señorío de Oropesa. En ese paisaje extraño de encinares que parecen liofilizados, se encierra la metáfora de esta tierra que se va quedando en el filo; en el de Monteagudo, en cambio, se expresa su esplendor.

Desde Candeleda se llega por una carretera bien acondicionada; desde Oropesa, por una cosida a parches, que se añadieron sobre otros ya antiguos, sin arcenes ni quitamiedos. En la raya de Monteagudo, los carteles verdes a ambos lados del puente anuncian que donde el asfalto brilla como el betún entras en Castilla  y León, y que el territorio de Castilla-La Mancha empieza donde la carretera se convierte en calvas de alquitrán carcomido. Por esa carretera se va y vuelve a la autovía, y de allí a Talavera: a comprar. O se deja de bajar y de comprar, y entonces la metáfora deja de ser una figura literaria para convertirse en una reproducción literal.

En la raya de Monteagudo, como en tantas fronteras, se roza la realidad que debería ser, pero que se queda anclada en el olvido de lo que no se alcanza.

El río Tiétar en Monteagudo, frontera entre Toledo y Ávila.Así de miserable baja el Tiétar; no hace mucho iba seco. Me contaba un paisano que en este otoño raro han caído 80 litros, agua bendita para estas tierras. La foto, tan luminosa como el lugar que refleja, es de un amigo, Jose Peña.También es un gran profesional, pero lo primero, es lo primero.

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La expresión se me ha quedado dando vueltas en la cabeza desde que el viernes la utilizó el presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda, en la inauguración de varios tramos de la A-43. Dijo el presidente que cuando la autovía esté acabada se podrá ir desde el océano Atlántico al mar Mediterráneo, “atravesando este anchurón cósmico que es Castilla-La Mancha”. Una definición así hay que pensarla un rato. La comenté por ver si me aclaraban el sentido y una mente más ágil la asoció enseguida con los acontecimientos histórico-planetarios de Leire Pajín:

Les sugiero que estén atentos al próximo acontecimiento histórico que se producirá en nuestro planeta: la coincidencia en breve de dos presidencias progresistas a ambos lados del Atlántico, la presidencia de Obama en EEUU y Zapatero presidiendo la UE (Intervención de Leire Pajín en Madrid, 3 de junio de 2009 en un desayuno informativo)

La comparación es una maldad y un imposible: lo de Leire Pajín será tan difícil de superar como algunas de las actitudes con las que la criticaron, de un paternalista que ya era caduco hace siglos. Pero que el anchurón cósmico figurara como titular en la nota oficial que distribuyó la Presidencia de la Junta de Comunidades sobre el acto, denota que lo que a mí me puede parecer una cursilería accesoria, hay quien lo considera el mensaje principal.

De siempre me ha parecido que uno de los valores principales de José María Barreda como político se encuentra en su profundidad intelectual. En estos tiempos de ramplonería y falta de fuste, no debería disimularla con paseos por el cosmos, sobre todo cuando en el suelo hay tanta tarea por hacer. Está muy bien que se inauguren autovías, porque así estará más cerca el día en que las siete grandes ciudades de la Región tendrán una comunicación directa. No sé cómo se verá entonces Castilla-La Mancha desde el espacio, pero desde tierra firme se presentará bastante más sólida y creíble.

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