Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 30 diciembre 2009

Hay un día en el año en el que el kilómetro cero se convierte realmente en un punto de encuentro en torno a un reloj. Será mañana, al filo de la medianoche, quizás junto a un tipo ataviado con una anacrónica capa y una sonrisa forzada y con un aperitivo de doce uvas recontadas, que pueden traer dos cosas: o esa suerte volandera que no se deja alcanzar o el mucho más accesible atragantamiento de todos los años.

Mañana, en efecto, disfrutaremos de la Nochevieja, despediremos el año que se pasó sin sentirlo aunque en las cuestas arriba se estiró hasta la eternidad y tiraremos el calendario con la alegría de quien está convencido de que tiene para rato. Casi siempre, la despedida del año deja regusto, claro, a nostalgia. En mi memoria infantil huele a lumbre en los inviernos gélidos de la meseta de mi tierra y a cabrito guisado, y a mi padre rascando la botella de anís. A olores, sabores y sonidos que quedan sólo en el disco duro de los recuerdos, porque ha dejado de helar antes de la madrugada y casi también después, y los manjares de antes se han sustituido por una saciedad insípida y a mi padre le puede la pereza de los años.

Esas navidades son parte de unos recuerdos en los que, sin embargo, predomina un nombre propio. La despedida del año me evoca sin remedio al Madrid de siempre, no a la urbe cosmopolita de las guías de viaje que apenas se reconoce, sino al del barrio a tiro de piedra de la Plaza Mayor, en la que los colores y la juerga se han confundido siempre con los acentos sin eses, sin erres y plagados de zetas, mucho antes de que Zapatero se empeñara en imponerlos como una moda.

Hace pocos días un artista de los que campan por el eterno Madrid me mata, me comentaba que la capital ha recuperado el pulso y su latido apunta hoy hacia la ebullición de la Barcelona pre 92, que a tantos admiró. Más humilde y menos dada a los engreimientos, Madrid es una ciudad que se supera a sí misma, para muchos camuflada detrás de los luminosos de la calle Preciados y similares. Es, desde luego, mucho más que cualquier gran almacén o macro centro comercial y encierra la grandeza que siempre se le ha reconocido de otorgar la nacionalidad madrileña a cuantos se prestan a asumirla.

Más allá del manido, pero aburridamente real recurso de las obras eternas; de las colas sin razón y de las prisas, Madrid sobrevive como un placer para paladear sin prisas, igual que los bocadillos de calamares y las patatas bravas a las que ni el mejor gourmet debe resistirse.

Cuando mañana miren de frente el reloj de la Puerta del Sol, piensen en su próximo viaje interior. Y en que quizás Nueva York, Londres o Shangai pillen un poco a trasmano del bolsillo, mientras que hay una gran ciudad que está a la vuelta de la esquina y encierra la promesa de una luz tan especial como diverso resulta el paisanaje que la puebla. Y encima, desde el salón familiar el plano fijo de Sol al filo de la medianoche del año nuevo tampoco es tan diferente de Times Square. Que al final la tele acaba por democratizarlo todo.

La Puerta del Sol de Madrid, durante la Cow Parade.

“Año Nuevo en Madrid” lo publiqué el 30 de diciembre de 2007 en la revista Osaca. Es un conato de declaración del inmenso amor que me provoca Madrid. Algún día me gustaría dedicar un libro a los lugares que me han robado el corazón y muchas de sus páginas se las tendría que dedicar a Madrid.

Esta foto de la Puerta del Sol la hice a finales del invierno pasado, durante uno de esos momentos que hacen la ciudad aún más especial: la Cow Parade. A lo mejor no parece muy navideña, pero en cambio resulta del todo madrileña.

Read Full Post »

Inocencias

Me causan una impresión contradictoria. El atractivo es enorme y el rechazo natural. Las inocentadas son una tradición que  nunca me ha convencido como periodista, a la que sin embargo rara vez me he podido resistir. No me convence porque un periódico comparten con el lector unos códigos que llevan implícitos la veracidad de lo que se publica, y porque no deberían dejar de respetarse, al menos de forma consciente. Hay medios, pocos, que lo practican hasta el extremo y otros, la mayoría, que siguen una tradición que se ha multiplicado con las nuevas tecnologías.
Los periodistas nos divertimos con las bromas, por la misma razón que nos tomamos muy en serio cada información, por mínima que sea. Ese es el irresistible atractivo de las inocentadas, que nos permiten saltarnos todas las normas, porque responden a una sola, muy básica: que la trampa se deje ver de lejos. Es cierto que la actualidad ofrece noticias veraces tan increíbles que valdrían para el 28 de diciembre,  pero para que una inocentada lo sea de verdad debe resultar una broma fácil, que se deshaga sola. He de reconocer que en la redacción cada año nos divertimos pensando y puliendo la inocentada, supongo que unas veces con más fortuna que otras, pero siempre con humor blanco. Creo recordar que en alguna ocasión la realidad ha acabado por aproximarse mucho a lo inventado. Aquí dejo la de este año, con el deseo de que sea una de esas veces y el reconocimiento a la inspiración que nos ha venido del jefe de la oposición, Gonzalo Lago. Él propuso primero lo de Coldplay.

Entre la infinidad de bromas que circulan hoy por la red, me ha gustado ésta, muy tentadora:

Lista de comercios con 100% de descuento

Read Full Post »

Hay cierta unanimidad en torno a que la Navidad empieza de verdad cuando pasa el sorteo de la Lotería. El soniquete de los bombos y los niños -cada vez más, de las niñas- de San Ildefonso tiene tanto sabor navideño como las estampas de nieve y chimeneas con humo. He cubierto en muchas ocasiones la lotería y me sigue gustando hacerlo. Es de esas noticias que parecen iguales y que en realidad lo son, aunque siempre tengan algo diferente. El cava, la alegría, los carteles… Quien gana el ‘Gordo’ o cualquier otro premio asume con placidez su papel en un guión que no suele ofrecer muchas variaciones; el afortunado ha visto tantas veces la película, que la protagoniza a la perfección. Viene a ser como un premio añadido, porque al dinero se suma la posibilidad de vivir por una vez el sueño de la felicidad, que sólo se cumplía para otros.

Por eso resulta emocionante. Durante unos instantes cantan un número al que corresponde un premio grande, que puede ser cualquiera y haber caído en cualquier lugar. La ilusión se evapora, como se gastará el dinero de quienes tengan suerte. Lo único que quizás dura son esos momentos de esperanza, que se repiten de forma invariable. Vienen a ser como una oración y también forman parte de esa espiritualidad navideña, que cada día se hace más laica. Como la vida misma.

Feliz Navidad. Es tiempo de compartir y quiero dejar por aquí un poco de nieve y una canción simpática, para días fríos.

Read Full Post »

Toros de primera

No puedo decir que sea una aficionada al uso, pero me atraen los toros. He asistido a corridas y he disfrutado con el espectáculo en toda su amplitud, desde el albero al ambiente de los tendidos. No considero el toreo tortura, aunque haya excepciones, como el ensañamiento con la puntilla, un signo de incompetencia de quien la usa, o el tercio de varas, que nunca he entendido. Por eso no encajo en el molde común de aficionada.

En cambio, me gusta el debate que se ha abierto por la presentación en el Parlamento de Catalunya de una iniciativa legislativa popular para prohibir la fiesta de los toros en esta comunidad. Nada es intocable, ni los crucifijos, ni las fosas del 36, ni los toros. Tenemos que acostumbrarnos a que sea así, a que las cosas puedan cambiar aunque durante décadas puedan haber sido de otra manera, a que no por antiguas han de ser mejores. O peores. El asunto ha servido para que nos enteremos o para que recordemos que en Canarias los toros se prohibieron por ley en 1991.

Quienes siguen la Fiesta, saben que hace mucho que hay un debate intenso sobre su devaluación, que ha girado mucho en torno a la pérdida de fuerzas del ganado. De ese debate he entendido que se estaba tendiendo hacia un toro menos peligroso, que supone menos riesgo para el que se pone delante con la muleta, pero que desilusiona y va apartando cada vez más a los aficionados. Toros que se caen, sin fuelle para la embestida y toreros, unos pocos, a veces interesados en que sea así, que copan el escalafón, con una forma de entender la Fiesta que atrae a supuestas masas y aparta a  los que la mantienen viva.

En Cataluña apenas hay festejos y fuera de fenómenos como José Tomás, en momentos muy exclusivos, las plazas se han reconvertido. Como la Monumental de Barcelona, hoy pabellón Arena de la ciudad. En el caso de Cataluña, el debate sobre la prohibición favorece a los taurinos, porque permite visualizar que todavía quedan. Visto el conjunto, estoy con quienes creen que los toros no necesitan la puntilla de ninguna prohibición. Su futuro se presenta negro zaino.

La polémica ha dejado muchos detalles interesantes, como esta portada de El Periódico. Muy de su estilo, efectista y lograda. El planteamiento que se ha hecho del asunto en parte de la prensa de Madrid me parece totalmente desviado. Los que ven nacionalismo exacerbado en todo, acaban cayendo en un centralismo radical igual de cateto.

Primera de El Periódico, 19 diciembre 2009

Primera de El Periódico, 19 diciembre 2009

Read Full Post »

Se lo he oído contar a un tío mío. El día que la luz eléctrica llegó al pueblo, mis paisanos salieron a la carretera a recibirla. Para unos era cuestión de cortesía y para otros curiosidad científica por ver cómo llegaba. Pero cuando se encendió, no hubo alegría, sino decepción, porque a pesar de la atención, ninguno consiguió ver cómo se producía la entrada más esperada. Se trata, claro está, de una broma, pero a mi tío le gusta contarla muy serio y adornarla, para que parezca más verdad.

Más por ignorancia que por curiosidad científica, al filo de la medianoche del día 15 volví a los canales analógicos, para comprobar cómo llegaba el apagón. Al ver que no pasaba nada en absoluto, esperé un rato, por si acaso se había retrasado unos minutos eso que nos llevan anunciando años y cuando me aburrí, volví a la televisión digital, sin que antes se hubiera registrado cambio alguno.

Después he comprobado que la banda que aparecía en la parte inferior de la pantalla advirtiendo que la emisión analógica se acababa el día 15 ha seguido invariable, aunque la fecha en cuestión ya ha pasado. Y que el apagón será el día 31, se supone que entremedias de las uvas, que tomaré en casa, seguro que viendo las campanadas en digital y quizás mientras una banda me anuncia que el día 15 se acaba la tele analógica.

Álex de la Iglesia podría hacer otro anuncio con el encendido de mi pueblo o con el no apagón de estos días, pero de momento ha hecho varios muy recomendables.

Read Full Post »

Costumbres

Dicen que el ser humano es un animal de costumbres. También dicen que es un animal racional, pero me veo más próxima a la primera afirmación, porque me parece que somos más proclives a las reacciones instintivas que a las otras. Tendemos a hacer cosas parecidas a las mismas horas, en lugares similares y más o menos en torno al mismo grupo humano. Cualquier cambio puede equivaler a una revolución, desde el traslado de la sede oficial del café de las 11, a una mudanza. Y de lo último tengo unas cuantas experiencias, agotadoras todas y positivas la mayoría.

Las buenas costumbres me hacen echar de menos aficiones y afectos. Por ejemplo, echo en falta lo que estoy haciendo en este momento, porque hace varias semanas que no escribía en este blog y porque se ha convertido en una motivación. Casi siempre lo hago en ratos robados, al mediodía o al sueño, que busco cuando encuentro la voluntad de hacerlo. Puede suceder como ahora, que se me amontonan las cosas y establecer un orden me cuesta un trabajo extra. Empecé sin saber dónde iría, sin dominar las herramientas ni los códigos, y nueve meses después el Post Secret se ha incorporado a mi vida cotidiana.

Tan sorprendente resulta la rapidez con la que hacemos costumbre de las novedades, como la premura con la que se pueden archivar hábitos. Hace un par de semanas me he dado de baja en una organización a la que he pertenecido durante casi veinte años. No me ha costado tomar la decisión, esa la tenía clara, pero se me ha puesto muy cuesta arriba ejecutarla, porque asociaba la ruptura con el desarraigo. Me equivocaba, no tengo ni más ni menos convicciones que unas semanas atrás, pero me siento más a gusto.

También hay sensaciones que se te roban de repente, cuando son ya costumbre asentada. Coincido con otros lectores de El País en que las columnas de Enric González se encuentran entre lo mejor que ha estado publicando este periódico hasta que a finales de noviembre ha dejado de hacerlo. Me parece uno de los géneros más difíciles de desempeñar para un periodista de batalla y una de las mayores delicias que se le pueden brindar a un lector de diario. Enric González ocupará una corresponsalía, ahora en Jerusalén, volverá a las trincheras del periodismo y con ello sus seguidores renovaremos el interés por entender el puzzle de Oriente medio. Mientras tanto, echarle de menos se va convirtiendo también en una costumbre.

Read Full Post »