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Archive for 28 febrero 2010

El Tajo suena

Me lo decía emocionado Manu Reino: el Tajo suena. Con permiso de los especialistas en fotografía de naturaleza, de los que hay buena cantera en Talavera, Manu Reino, compañero del periódico, debe ser uno de los fotógrafos que mejor conozca el Tajo. Le ha echado mucho tiempo, cargado de equipo y de conocimiento de lo suyo, lo mismo esperando las primeras luces que atrapando las últimas del día, para conseguir quizás las imágenes más hermosas del río. El tiempo y la mirada le convierten en un buen conocedor del entorno del Tajo; por su trabajo ha conocido las circunstancias más desfavorables del río y eso le ha permitido desarrollar una sensibilidad especial, además de compromiso.

Ayer dediqué la mayor parte de la lluviosa mañana a pasear por el Tajo y, en efecto, resulta emocionante no reconocerlo. Hay que volver la vista más de diez años atrás para recordarlo tan bravo. Suena como un río, tiene patos y otros bichejos con plumas que por falta de costumbre no sé identificar, pero que entablan permanente conversación, y ¡lleva agua! El Tajo de ahora en Talavera tiene, en resumen, vida y con la alegría de constatarlo queda la evidencia de que eso que de común queda entre la Ronda Sur y el Paredón de los Frailes se parece más a un fósil que a un río.

Los paseos sumergidos de la magna obra que el Ministerio de Medio Ambiente ejecutó cuando alicató las riberas, dejan otra constatación. Que en los planes del Ministerio y de su brazo ejecutor, la Confederación Hidrográfica del Tajo, figura que el río no debe llevar caudal. Porque cuando está vivo de esos paseos sólo son visibles, y eso en algunos puntos, los boliches de las barandillas.

Un río es mucho más que el espacio entre sus dos orillas. Para comprobarlo, sólo hay que acercarse estos días al Puente Viejo, a la presa de los Molinos o a cualquier punto intermedio. Deberían hacerlo todos los talaveranos que puedan, para que no se nos olvide qué estamos reclamando cuando pedimos que nos devuelvan el Tajo, y para que se nos grabe que tenemos la obligación permanente de exigirlo.

Por alguna razón que no sé precisar, las bandadas de patos en formación planeando sobre el agua me recuerdan a Las Tablas de Daimiel, que sólo conozco por documentales y reportajes de prensa. Si se ha trasvasado agua del Tajo a un paraje del Guadiana para recuperarlo, no puede ser difícil que ese mismo agua salve el ecosistema al que pertenece, el del gran río peninsular. El que se liquida cuando se deseca el cauce. Porque eso, y no los paseos de losetas y adoquines ahora felizmente cubiertos por el agua, eso, es el río.

Río Tajo en Talavera, 27 de febrero de 2010

Las fotos de Manu Reino con el Tajo en vida se publicarán hoy en un reportaje de Javier Moreno. Esta, a años luz, la he perpetrado yo.

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Hay gestos mínimos, que en momentos inciertos te ayudan a anclarte al mundo. Llegan cuando deben, sin que se les espere, y se deslizan con la sutileza de un suspiro. Sólo cuando se han colado dentro te das cuenta de que eran rabiosamente imprescindibles y de que no cabía un instante más de espera, porque te habrías ahogado. Tengo pocos espacios en los que hablo en primera persona, por eso es mejor que diga que uno de esos gestos menudos ha ido a caer en el epicentro de donde estaba necesitando sentir quién he sido y quién, en esencia, no he dejado nunca de ser.

No conozco ancla más fuerte que la amistad y los años convierten las amistades antiguas en cimientos. Recios, hondos, auténticos. Llevo días ensimismada por el redescubrimiento de ese principio elemental y en recorrerme en todas direcciones las páginas de un libro. Me han regalado dos en una semana, ambos muy deshojados ya, porque los libros son de los regalos que más aprecio.

¿Y si pongo una palabra?” (Editorial Demipage. Madrid, 2009) es un libro pequeño, muy especial en todo. Recoge canciones escogidas de Antonio Vega y cubre el desnudo de la música con una juguetona composición tipográfica. Se había terminado sólo unos días antes de la muerte del artista, pero no he sabido de su existencia hasta ahora. Me parece un libro hermoso, en todos los sentidos, que sólo podía llegarme por alguien que me conocería de tiempo atrás o lo bastante para saber que Antonio, su música, su historia, llegó a ser una pieza en el puzzle de una parte de mi vida que nunca querré olvidar. Lo evoco con levedad, porque el paso del tiempo ha endulzado la nostalgia, paladeando, verso a verso, la canción que más veces he escuchado entre una discografía que casi puedo recitar:

Donde nos llevó la imaginación

donde con los ojos cerrados

se divisan infinitos campos.

Donde se creó la primera luz,

germinó la semilla del cielo azul.

Volveré a ese lugar donde nací.

De sol, espiga y deseo son sus manos en mi pelo.

De nieve, huracán y abismos el sitio de mi recreo.

Viento que en su murmullo parece hablar,

mueve el mundo y con gracia le ves bailar,

y con él el escenario de mi hogar.

Mar bandeja de plata, mar infernal,

es un temperamento natural,

poco o nada cuesta ser uno más.

De sol, espiga y deseo son sus manos en mi pelo.

De nieve, huracán y abismo el sitio de mi recreo.

Silencio, brisa y cordura dan aliento a mi locura.

Hay nieve, hay fuego, hay deseos, allí donde me recreo.

(El sitio de mi recreo)

El otro libro es un capricho que no se me habría ocurrido: “Madrid&New York, semejanzas” (Ediciones La Librería. Madrid, 2009). Con prólogo de Elvira Lindo, textos de Ángel del Río y fotos de Raúl Cancio, explora parentescos entre dos ciudades que me embrujan. Redescubrí Madrid, mi casa durante casi media vida, después de un primer viaje a Nueva York y no me parece extraño buscarlas parecidos.

Nueva York y Madrid comparten algo de ese latido interno de las grandes urbes que están habituadas a redimirse a sí mismas. Se parece a compartir los años y los sobreentendidos de la amistad. Ese territorio de afectos sin condiciones, que se navega sin necesidad de brújulas, ni mapas.

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Desde que escribo este Post Secret, se me ha despertado el interés por los blogs. Lo tenía de antes, pero como el olfato o cualquier sentido, se ha agudizado con el uso. Ahora recorro más, de vez en cuando descubro alguno, y la mayoría de las veces hago la parada de rigor en mis sitios de referencia. Uno de ellos lo he citado otras veces y se ha convertido en una adicción, que este lunes ha cumplido un año. “En la boca del lobo“, del periodista Ramón Lobo, figura dentro del escueto listado de enlaces de este blog, al que a veces he pensado en colocar una de esas animaciones antiguas que avisaban de que la página se encuentra en construcción. Se supone que las recomendaciones de otros sitios a visitar tienen que ser uno de los alicientes de un blog, pero éste sigue, en eso y en otras cosas, en trámite de ejecución.

Cuando se trabaja en un diario y se cierra cada noche una edición que, salvo imprevistos, se trasladará tal cual al papel, provoca un placer muy especial construir algo que por definición se queda inacabado. Lo debo haber dicho en alguna ocasión porque lo experimento con intensidad: me gusta escribir este blog, me reporta más sensaciones positivas de las que alcancé a imaginar; también por la atracción de lo diferente, después de muchos años apurando cierres.

Parte de esta experiencia se asienta sobre la conversación, dentro del blog, por supuesto y con otros blogueros. Muchas veces es sólo una manera de denominarlo, porque hay de todo, pero no suele ser muy frecuente el diálogo horizontal entre el autor y el visitante que comenta, salvo que lo comentado sea causa de irritación. Con o sin respuesta, hay atención, como explicaba la periodista Rosa María Artal en su blog El Periscopio:

Las palabras escritas no son nada sin lectores.

Entre mis favoritos, unos responden cabalmente al prototipo del diario y otros, más escasos, hacen puro periodismo. En las entradas más recientes de este blog hay enlaces al Vagamundo del periodista Fran Sevilla que lo prueban, pero el paradigma lo encuentro en Los desastres de la guerra del fotoperiodista Gervasio Sánchez, que acostumbra a ofrecer un reportaje completo en cada post. Uno lo ha dedicado no hace mucho a contar que no siempre resulta fácil y a explicar su decisión de seguir adelante con un blog que se ha mantenido en El Heraldo de Aragón, donde empezó, y ha pasado por soitu.es.

Aunque en la web social no hay territorios, echo en falta blogueros cercanos. Entre los más próximos, celebro la resurrección de un renovado El Pintamonas donde Javi García desvela los secretos de sus viñetas de la última del periódico, que hace un mes ha recobrado la actividad después de un paréntesis que se nos ha hecho muy largo, y el estreno, todavía reciente, de la periodista Esther Durán que ha lanzado con fuerza y ganas Busco un hogar. Quienes sigan su Desván de los sábados en el periódico habrán adivinado por el nombre que la motivación principal del blog es ayudar a encontrar buena gente que quiera compartir su techo y su vida con animales que la mayoría de las veces han tenido la mala suerte de toparse con otras bestias. Aunque no tengan la intención de acoger o adoptar ninguno, no dejen de pasar por el blog, porque conocer las crueldades que se pueden hacer a un animal enseña mucho sobre la pretendida superioridad de los humanos.

La canción tiene poco que ver con lo que cuento, pero lleva días sonándome en la cabeza y me apetecía mucho: Stand by me, John Lennon.

El término bloguero es una adaptación del inglés ‘blogger’. La Real Academia Española no lo reconoce, pero la Fundación del Español Urgente, a la que tanto debemos los periodistas, la recomienda en sustitución del extranjerismo.

Me gustaría conocer más blog de gente de la tierra. Si a alguien le apetece, dejo aquí un correo de contacto: carmenjara@diariolatribuna.com

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No me extraña que Zapatero prefiera irse a rezar a Washington en el desayuno de la oración que desayunarse con las primeras que le está ofreciendo la prensa. Son para cerrar el apetito, pero no sólo el suyo. La última semana ha sido un muestrario del desconcierto del gobierno en materia económica. Las noticias resultan cada día más inquietantes y generan una unanimidad periodística poco corriente, sin excesivas distinciones entre cabeceras que están a años luz en tendencias editoriales. Hay situaciones que no se prestan a la interpretación: el paro registrado superó en enero, por primera vez, los cuatro millones; la Bolsa se ha pegado uno de los mayores batacazos desde que empezó esta crisis; y la reforma de las pensiones, que cambiará las reglas del juego y retrasará dos años la edad de jubilación, han coincidido en la misma semana, en un escenario de inseguridades crecientes, que está llamando la atención de la prensa internacional.

En los análisis no se quita ojo a los diarios de referencia. Que sigan siéndolo supone una muestra de solvencia, frente a los diagnósticos interesados sobre la pérdida de relevancia del papel. Un artículo demoledor de Financial Times en el que se ataca a la falta de estrategia de la política económica en España, un rosario de editoriales críticos y primeras que caen como losas sobre el café del desayuno, confirman que la prensa escrita sigue formando opinión. También buena parte de la que fluye por internet.

Éstas son algunas de las primeras de los últimos días. A la de ‘El Periódico’ se le podría pedir un poco más de riesgo; ya que juega con dios, puede prescindir perfectamente del parece. La de ‘ABC’ emplea el recurso, reservado para ocasiones excepcionales, de cederla por completo al editorial. Con distintos grados, todas inciden en apuntar a la debilidad política ante la grave situación económica.

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Se acabó. Desde el 12 de enero, cuando se produjo el terremoto de Haití se ha repetido la pregunta sobre el tiempo que tardaría en apagarse el foco informativo sobre la desolación de este país perdido. Ya lo sabemos: dos semanas. Después de la saturación de los primeros momentos y de la competición entre los medios por ver quién se metía más adentro en las entrañas de la catástrofre y con más equipos, la atención ha ido languideciendo de día en día.

Dos semanas después, Haití había quedado convertida en una nota al margen en los medios, los espacios de información que se dedican a la situación en el país caribeño han ido menguando tanto que en la mayoría de los casos han desaparecido y los enviados especiales emprenden el regreso, si es que no han vuelto ya.

Sigue habiendo noticias, pero en la cotización periodística el último recuento oficial de muertos a causa del seísmo, ha perdido muchos enteros. Se ha confirmado la cifra de 200.000 muertos, pero hoy no han cabido en las primeras del día. Abruma detenerse a pensar en lo rápido que consumimos, da igual que nos den catástrofes que útiles domésticos. Todo se queda antiguo a una veolocidad de vértigo y al mismo ritmo se olvida.

Con el terremoto de Haití he experimentado con otros canales de información, porque las vías convencionales me han parecido raquíticas y, en varios casos, poco solventes. Me voy a reiterar, para citar de nuevo al periodista de RNE Fran Sevilla. Durante estas semanas, además de sus crónicas, ha escrito un Diario de Haití en su blog Vagamundo. Trece crónicas y un epílogo, publicado hoy mismo, ya desde su destino en Costa Rica, que describen con crudeza el caos y la devastación. También rezuman humanidad y compromiso, dos valores imprescindibles en el periodismo, que nunca deben confundirse con la militancia interesada. Mientras nos saturaban con imágenes del despliegue de los marines por Puerto Príncipe y nos bombardeaban con el discurso del agradecimiento a la intervención norteamericana, Fran Sevilla contaba, con rabia, que la ayuda humanitaria seguía sin llegar. En el Epílogo insiste en ello:

No es entendible que toda la solidaridad que ha generado la catástrofe desatada por el terremoto no se haya traducido en una ayuda inmediata a la población haitiana. No es entendible que esa solidaridad se haga llegar a punta de fusiles, de vehículos blindados y despliegue militar. No es admisible que con tantas organizaciones y con tantos recursos se imponga una descoordinación tan lamentable y bochornosa. Habrá que seguir denunciando que es inaceptable que sea prioritaria la seguridad de unos pocos a la supervivencia de muchos.

Hay tantos pasajes del Diario de Haití que merecen ser recordados, que escojo sólo uno uno para que no se nos olvide lo importante, lo que está por hacer, y recomiendo la lectura de las trece entregas que lo componen. A ratos amargo y a veces, menos, esperanzado, esa lectura reafirma que la justicia hacia quienes han sido desheredados por el mundo desarrollado no se puede seguir aplazando; eso es lo que se pretende legitimar cuando con una mano se envían ayudas de emergencia mal canalizadas y con la otra se hacen oídos sordos a la condonación de la deuda externa del que era el país más pobre de América, convertido también en el más castigado.

Quiero pensar que algo va cambiando, que es posible otro mundo y que se fraguará. Como en el corazón de Paula, hija adolescente de Fran Sevilla:

Papá, se me saltan las lágrimas con cada palabra que escribes, y me dan unas ganas inmensas de ser un vagamundo contigo, aunque solo tenga catorce años. Eres mi héroe, espero que siempre lo tengas presente, y que estoy orgullosa de llevar tu apellido. Apuesto por Haití, por la vida y por ti. Te quiero con toda mi alma,
Paula (En un comentario a Diario de Haití – XIII)

 

En los grandes diarios norteamericanos Haití todavía aparece en las primeras, pero bajo su perspectiva.

 


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