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Archive for 30 marzo 2010

Esto es lo que engancha. Lo dice el presidente de la Junta de Cofradías, Angel Mariano García-Loarte, mientras trajina por la desangelada nave de la iglesia de San Prudencio. Es sábado a mediodía y en su cofradía, el Santo Sepulcro, están poniendo a punto los pasos y las imágenes que saldrán en la procesión del Santo Entierro. Falta casi una semana, pero viendo la actividad parece que apenas queden unas horas para salir a las calles.

Días antes de que las trompetas y tambores retumben, la guardia pretoriana de las cofradías se entrega a los trabajos más íntimos en la trastienda de la Semana Santa. Hay que bajar a a las vírgenes de los altares y sacar a los cristos de las capillas, y vestirlos en ceremonias lentas que rozan el misticismo. Hay que preparar los cirios que se colocarán sobre los pasos y cuajarlos también de flores. La liturgia que precede a la semana de Pasión responde a un guión pautado, que las hermandades aplican casi como una plantilla, con una excepción: las emociones. Más allá de las convicciones religiosas o de la ausencia de las mismas, la Semana Santa es una expresión popular muy intensa. Mucho más cuando se mira hacia la forma de vivirla desde dentro de las cofradías. Este año he podido compartir alguno de esos momentos tan especiales, un privilegio muy hermoso.

Desde que tengo recuerdos, la Semana Santa me ha atraído, igual que otras manifestaciones del fervor popular. Me provocaba, no obstante, una sensación contradictoria, porque me he acercado siempre desde un distanciamiento intelectual, con un interés casi etnográfico. Quizás, porque no había entendido el sentimiento religioso hasta que lo tuve al lado en el Camino de Santiago. Esa experiencia no me convertió a una fe que no tenía, pero me ha hecho ahondar en el mayor aprendizaje que he afrontado en la vida, el respeto, y me ha ayudado a ir soltando un lastre inútil: los prejuicios. He descubierto que  resulta mucho más fácil y más sano entenderse. Comprender y dejar que te comprendan.

Ensayo de la salida de la Virgen de la Paz, en la iglesia de las Bernardas

Ensayo de la salida de la Virgen de la Paz, en la iglesia de las Bernardas

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La calle y la plaza de San Agustín ofrecían el martes por la noche una imagen inusual. Se comentaba entre los habituales que la inauguración de la exposición sobre la Colección de Cerámica José Luis Reneo Guerrero ha sido la más concurrida que se recuerda. En las salas del Museo Ruiz de Luna el calor y la cantidad de público agobiaban tanto como la emoción.

Año y medio después de su prematura muerte, esta exposición aproxima a la dimensión cultural de la figura de José Luis Reneo. A veces hace falta tomar tiempo y distancia para apreciar lo que en la cercanía de lo cotidiano se nos hace natural. Contemplar ahora la exposición, con cerca de la mitad de las 328 piezas singulares de cerámica que reunió, da una idea de la proporción de esta colección y del inmenso amor que profesó al noble arte salido de los alfares.

La iniciativa de la Asociación de Amigos del Museo Ruiz de Luna, fieles amigos a su vez de José Luis Reneo, ha sido, más que un empeño, una obsesión. Han tomado como obligación cultural y cívica dar unidad a todo el legado cerámico que reunió y, con la colaboración de su familia, lo han conseguido. La exposición y el catálogo completo que la acompaña son un homenaje al coleccionista, pero, por encima de todo, son un triunfo para que sus afanes y su pasión, por la cerámica en este caso, queden para la posteridad.

De esa colección hay muchas piezas inéditas y algunas que ya conocían las vitrinas de las exposiciones, porque han completado series o perspectivas de las muestras que han recorrido, de forma general o desde ámbitos concretos, la historia de la cerámica talaverana. El conjunto resulta compacto, pero vista pieza a pieza, algunas rellenan huecos que quedan en la línea del tiempo del propio Museo Ruiz de Luna. De la calidad e importancia de la colección habla con autoridad Cristina Manso, técnico del Museo, en el estudio que se ha incluido en el catálogo.

Revisar el catálogo, especial en la serie de publicaciones de los Amigos del Museo, tan cuidadas siempre, ofrece una idea precisa de la magnitud de la colección. Visitar la exposición acerca al calor de la cerámica y a la humanidad, tan intensa, de José Luis Reneo. Cada pieza debe tener su historia, fruto del capricho, del azar, de una búsqueda esforzada, quizás. Coincidiendo con la exposición, la Asociación de Amigos del Museo ha abierto un blog dedicado a esa faceta de coleccionista de un intelectual versátil y creativo que se entregó a todo cuanto tiene que ver con la cultura. En las primeras entradas, se ha empezado por hablar de algunas de las piezas, para contar su historia particular; a mí me gustaría coleccionarlas, para completar ese puzzle que José Luis dejó incompleto.

Pude ver la colección completa hace algunos meses, cuando descansaba en la trastienda del Museo. Mariano del Valle, que se ha encargado de catalogarla, me la fue explicando cacharro por cacharro, en un descubrimiento que me abrumó y me resultó emocionante. Bien dispuesta en las salas de exposiciones, cambia. Resulta aún más noble.

Panel de azulejos. Serie de la Virgen del Prado, 1774. Mansilla. (Colección de cerámica José Luis Reneo)

En el blog de la Colección de Cerámica José Luis Reneo, que incorporo a los favoritos de este Post Secret, se puede descargar en formato pdf el catálogo de la exposición.

La exposición se puede visitar en el Museo de Cerámica hasta el 30 de junio, en horario de 10,00 a 14,00 y de 16,00 a 18,00 de martes a sábados. Domingos sólo por la mañana.

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Dejé de escribir cartas cuando me las empezaron a contestar por teléfono, en los primeros años de la era móvil. Me resultaba familiar escribirlas, me aclaraba las ideas y los sentimientos. ¡Cuántas veces creí que no quería tanto a quienes me eran vitales y cuántas que adoraba a quienes entraban y salían sin dejarme apenas huella! Muchas veces el gesto de escribir me ha despertado el entendimiento racional, ese que se echa la siesta perezoso cuando de sentimientos se trata.

Puede que hiciera mucho que no escribía una carta. Ayer tuve que buscar papel con membrete, extraviado de tanto tiempo que no lo utilizaba. Es cierto que acostumbro a escribir a mano las felicitaciones navideñas, más porque entiendo que de otra manera pierden todo sentido, que por convicción sobre la fecha. Pero, fuera de eso, los carteos han pasado al formato electrónico que, como añoraba hace pocos días mi admirada Maruja Torres, en uno de esos artículos magistrales en los que se retrata (Aquellas lágrimas, en El País Semanal), dejan escapar tanto contexto que se quedan muy pobres.

No recuerdo cuando dejé de tener a mano el papel con membrete. Por eso ayer tuve que buscarlo un rato para escribir una carta. De esas que empiezan con un “querido amigo”, acaban con un abrazo, se meten en un sobre y se franquean antes de echarlas al buzón. Una carta de toda la vida a la que acompañaba la impresión de la anterior entrada de este blog. No me había fijado, pero un blog no está hecho para imprimirlo en unos folios, porque le pasa como al carteo electrónico, que sin su contexto natural pierde bastante sentido. Aún así, se lo envié al destinatario de la carta, protagonista a su vez del post en cuestión y nada afecto a la tecnología, en un intento de explicarle en qué consistía aquello y mientras cerraba el sobre pensaba en mi particular convergencia digital. En la fusión de esas dos realidades que conviven, cada vez más separadas.

Este Post Secret cumple hoy un año desde su alumbramiento. Se trataría de un hecho irrelevante, sino encerrara un acontecimiento personal. Durante estos meses, escribirlo me ha ensanchado horizontes, me ha enriquecido como periodista y me ha ayudado como persona; me ha permitido encauzar mis opiniones, expresarme y me ha ayudado a indagar lo que me bullía dentro. Y, lo dije hace poco pero me apetece repetirlo, me ha permitido dos placeres: la publicación inmediata y dejar cosas pendientes. Sé que lleva mucho tiempo inventado, pero no había experimentado la inmediatez, en el tiempo y en el espacio, que concede el formato digital. Después de muchos años de cerrar páginas, primeras y ediciones cada día, la sensación atrae, por placentera.

En un año he publicado 82 entradas, aunque ha habido más que han quedado en borrador; alguna, pocas, que ha acabado en la papelera, y más que no han llegado al teclado por falta de oportunidad o de tiempo. En este momento, sobreviven en la trastienda 90 post, bajo 31 categorías y etiquetados en 141 ideas. Si algo me gustaría cambiar es la frecuencia de publicación, para hacerla más continua.

Lo que sigue es el ránking de post más visitados, en el que de forma excepcional, autoenlazo dentro del blog. El primero está muy por encima del resto y también para mí ocupa un lugar particular. La explicación es que está enlazado en varias webs, como el foro de la página oficial de Antonio Vega.

1. Romance de Antonio Vega

2. Las guerras de Capa

3. Por el Camino

4. El equinoccio en San Juan de Ortega

5. Luna Yanel

6. Tercer movimiento

7. Tres deseos

8. Segunda generación

9. Buen ambiente

10. Benedetti y la causa de la alegría

Todo empezó el 13 de marzo de 2009 con “Redacción de papel“, que ocupa uno de los puestos de cola en visitas. Entre mis preferencias quiero destacar “Agua“, porque es uno de esos post que me permitió expresar algo que se me había quedado dentro y que no pude compartir. En mi ránking personal ocupa un lugar muy especial.

Primer post. Así empezó todo.

Quiero dar las gracias a los visitantes y, de forma especial, a quienes se animan a dejar su tarjeta de visita a través de los comentarios, porque con ello colaboran en dar vida a este espacio.

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La escritora Carmen Martín Gaite describía muy bien la intensidad del proceso de creación literaria. Una tarde de verano en Santander, en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, la escuché contar como el hombre de negro, protagonista de su novela “El cuarto de atrás“, la requería volver a casa con urgencia y dejar amigos y encuentros, para seguir escribiendo. Se preocupaban sus próximos porque creían que atravesaba una fase de excesivo retraimiento y, contaba ella, que sonreía entonces para sus adentros porque todos desconocían, claro, sus citas secretas con el hombre de negro y cuanta plenitud daba a aquel momento de su vida ese personaje cuya presencia sentía de forma casi física.

Fue aquello a finales de los 90, porque Martín Gaite, Carmiña, murió en el verano de 2000, y ya no pudo acudir al curso de la Menéndez Pelayo en el que yo estaba deseando volver a encontrarla. Tenía una gran capacidad de comunicación y no he conocido a otro escritor que sepa explicar con esa transparencia la trastienda de la creación literaria. Me pesó su muerte y un tiempo después me emocioné con una exposición que le dedicó Círculo de Lectores, en la que se enseñaban sus ‘cuadernos de todo‘, libretas dispares que llenó durante toda su vida con apuntes personales, notas y hasta capítulos enteros de sus libros, dibujos y hasta collages, y que bautizó su hija cuando tenía cinco años. En el estudio de casa, siempre cerca de la mesa desde donde ahora escribo, hay una foto de esa exposición, con Carmiña y los cuadernos, y entre mis libros un tomo grueso, una edición que se publicó en 2002 de los “Cuadernos de todo“, que en mi memoria siguen siendo los de la caligrafía clara y las portadas de recortes que vi entonces, conmovida.

Aunque soy solo periodista, a veces siento cerca al hombre de negro. Hay temas que atrapan; desde que los empiezas a imaginar como proyecto, seducen. Y más cuando estás sobre el terreno; y todavía más, mucho más, cuando llega el momento de escribir. Ese final lo aplazas, porque sabes que cuando pongas el último punto todo habrá acabado y te gustaría alargarlo.

Me acaba de pasar con una entrevista al poeta Joaquín Benito de Lucas. Es el género informativo en el que me encuentro menos cómoda, quizás porque en prensa escrita las entrevistas pueden quedar forzadas. También porque la política ocupa una parcela demasiado amplia del trabajo periodístico y la mayoría de los entrevistados de ese mundillo se obstinan en recitar su catecismo. Después, editar una entrevista se convierte, aún en el mejor de los casos, en un trabajo complicado para atrapar los matices.

La conversación con Benito de Lucas fue sin reloj y fluida. La había preparado con tiempo y quise que fuera muy entretenida en la edición. El personaje, un poeta en vísperas de presentar la publicación de sus obras completas, se prestaba. Mientras hablábamos me daba cuenta de que es una de las entrevistas más sinceras que me han dado, con sus ironías, sus intimidades y alguna amargura. Y que para una periodista eso es un regalo. Durante días he arrancado la mañana disfrutando del secreto de que me esperaba el hombre de negro. Ese tipo esquivo que a veces tarda tanto en dejarse ver.

De los "Cuadernos de todo", de Carmen Martín Gaite.

Dejo una cita para enmarcar: “Talavera es algo que tienes enganchado a tu vida y de lo que no quieres ni puedes separarte”. Y el enlace a la entrevista, publicada en La Tribuna el 28 de febrero, para la que Manu Reino hizo una fantástica sesión de fotos: “Cuando estás alegre vives, cuando estás triste escribes“.

El libro con las obras completas de Joaquín Benito de Lucas, “La experiencia de la memoria“, se presentó el 24 de febrero en Talavera y pronto estará en el Ateneo de Madrid.

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