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Archive for 28 julio 2010

‘Tierra de toros’ se ha publicado como capítulo IV del libro “Con un traje de oro y grana”, editado por el Club Taurino Talaverano y el Ayuntamiento de Talavera de la Reina en mayo de 2010, como homenaje y conmemoración del 90 aniversario de la muerte de Joselito ‘El Gallo’.

Hoy el Parlament de Catalunya ha aprobado la prohibición de las corridas de toros en esta región a partir de 2012.

Contaba la periodista Josefina Carabias que en su pueblo pocos sabían el nombre del rey o quién fue Colón y que resultaban incontables los que ignoraban cómo se llamaba el continente en el que vivían. En cambio, no había nadie que no conociera por su nombre y peripecias al torero Juan Belmonte. Hasta la tarde de Talavera, José Gómez Ortega, Joselito ‘El Gallo’, y él compartieron carteles y la gloria del toreo nacional, y después de haberle sobrevivido cuarenta años, Belmonte acabó por descansar en paz en la misma tierra del cementerio de San Fernando, en Sevilla. El pueblo de la pionera periodista era Arenas de San Pedro (Ávila) y se refería a años muy próximos a aquel que colocó a Talavera, con un crespón, en la historia de la tauromaquia. Tiempos en los que no se soñaba con el invento de la televisión, pero la prensa gráfica y el boca a boca convertía a los toreros en mitos para las masas. Cuando un periódico, -el ‘ABC, edición de la tarde’ en el que Gregorio Corrochano contó sin adjetivos la cogida y muerte de Joselito, por ejemplo,- costaba cinco céntimos de entonces, o sea, de peseta, y Talavera tenía 13.362 vecinos de derecho y ni siquiera doscientos más de hecho.

El mito del torero se quedó congelado aquella tarde sobre el albero de la Plaza de Toros del Prado, mientras el tiempo ha pasado sobre la ciudad que le despedía desde los descampados que conducían entonces hasta la estación del ferrocarril. El Ensanche, que empezaría a trazar el mapa contemporáneo, estaba por dibujar y por las calles de tierra levantaban polvo carros y caballerías.

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El verano es la estación del cambio, de la diferencia, de la renovación. Nos cambia el contacto con el aire y el sol, la ligereza ambiental de los días largos y las noches que invitan a abrirse, de par en par. Resulta agradable vivir bajo la liviana sensación que tan bien describía hace poco Rosa Montero, en una columna de despedida por vacaciones en El País:

Las vacaciones no duran tanto, pero son una estupenda oportunidad para zafarse un poco de uno mismo. Para atreverse a hacer otras cosas. Para intentar ser más libre y quizá un poco más feliz. Verano, de Rosa Montero. (El País, 13 de julio 2010)

Más libre y, quizá, un poco más feliz. Incluso cuando la carga de obligaciones no se ha aligerado todavía, el tiempo empieza a estirarse, las distancias se hacen más cortas y las emociones se vuelven más intensas. Está siendo un verano de risas tan desbordadas como las lágrimas. Los adultos sentimos demasiada vergüenza del llanto, como si fuera una revelación de debilidad. Pero el dolor es seguramente, con el miedo, el más humano de los sentimientos, porque sin sentirlo no sabríamos reconocer la alegría.

Tengo una fuerte sensación de pérdida de inocencia y he aprendido algunas cosas, que no se si me servirán para mañana. Por ejemplo, que lo importante es ahora, porque ese porvenir que planeamos con tanto esmero puede quedarse en un decorado. La vida no se puede aplazar y es eso imperfecto, a ratos aburrido y en raras ocasiones imprevisto que se nos viene encima cada mañana, antes de que tengamos el valor de echar el primer pie al suelo. Puede que antes haya firmado algunos plazos inútiles, suficientes para adquirir la certeza de que no quiero ni uno más. Vivir es sentir. Llorar y reir, sufrir y disfrutar. Y buscarse. Y dejarse encontrar. Y ser más libre y, porqué no, un poco más feliz.

Este verano podría tener muchas bandas sonoras, pero si tuviera que quedarme con una sería del gran Quique González, que me está acompañando en tantos momentos, de llanto o sonrisas. Aquí dejo su Rompeolas.

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