Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘Antonio Vega’

Hay gestos mínimos, que en momentos inciertos te ayudan a anclarte al mundo. Llegan cuando deben, sin que se les espere, y se deslizan con la sutileza de un suspiro. Sólo cuando se han colado dentro te das cuenta de que eran rabiosamente imprescindibles y de que no cabía un instante más de espera, porque te habrías ahogado. Tengo pocos espacios en los que hablo en primera persona, por eso es mejor que diga que uno de esos gestos menudos ha ido a caer en el epicentro de donde estaba necesitando sentir quién he sido y quién, en esencia, no he dejado nunca de ser.

No conozco ancla más fuerte que la amistad y los años convierten las amistades antiguas en cimientos. Recios, hondos, auténticos. Llevo días ensimismada por el redescubrimiento de ese principio elemental y en recorrerme en todas direcciones las páginas de un libro. Me han regalado dos en una semana, ambos muy deshojados ya, porque los libros son de los regalos que más aprecio.

¿Y si pongo una palabra?” (Editorial Demipage. Madrid, 2009) es un libro pequeño, muy especial en todo. Recoge canciones escogidas de Antonio Vega y cubre el desnudo de la música con una juguetona composición tipográfica. Se había terminado sólo unos días antes de la muerte del artista, pero no he sabido de su existencia hasta ahora. Me parece un libro hermoso, en todos los sentidos, que sólo podía llegarme por alguien que me conocería de tiempo atrás o lo bastante para saber que Antonio, su música, su historia, llegó a ser una pieza en el puzzle de una parte de mi vida que nunca querré olvidar. Lo evoco con levedad, porque el paso del tiempo ha endulzado la nostalgia, paladeando, verso a verso, la canción que más veces he escuchado entre una discografía que casi puedo recitar:

Donde nos llevó la imaginación

donde con los ojos cerrados

se divisan infinitos campos.

Donde se creó la primera luz,

germinó la semilla del cielo azul.

Volveré a ese lugar donde nací.

De sol, espiga y deseo son sus manos en mi pelo.

De nieve, huracán y abismos el sitio de mi recreo.

Viento que en su murmullo parece hablar,

mueve el mundo y con gracia le ves bailar,

y con él el escenario de mi hogar.

Mar bandeja de plata, mar infernal,

es un temperamento natural,

poco o nada cuesta ser uno más.

De sol, espiga y deseo son sus manos en mi pelo.

De nieve, huracán y abismo el sitio de mi recreo.

Silencio, brisa y cordura dan aliento a mi locura.

Hay nieve, hay fuego, hay deseos, allí donde me recreo.

(El sitio de mi recreo)

El otro libro es un capricho que no se me habría ocurrido: “Madrid&New York, semejanzas” (Ediciones La Librería. Madrid, 2009). Con prólogo de Elvira Lindo, textos de Ángel del Río y fotos de Raúl Cancio, explora parentescos entre dos ciudades que me embrujan. Redescubrí Madrid, mi casa durante casi media vida, después de un primer viaje a Nueva York y no me parece extraño buscarlas parecidos.

Nueva York y Madrid comparten algo de ese latido interno de las grandes urbes que están habituadas a redimirse a sí mismas. Se parece a compartir los años y los sobreentendidos de la amistad. Ese territorio de afectos sin condiciones, que se navega sin necesidad de brújulas, ni mapas.

Anuncios

Read Full Post »

He sido más de Los Problemas, que de Los Secretos y siempre de Enrique Urquijo. Es una rama importante de mi paisaje sentimental, de una forma parecida, pero diferente a Antonio Vega, con quien se le identifica por trayectoria vital y artística. A Antonio le he compartido y Enrique, en cambio, se me ha quedado más en soledad. Al primero le conocía y al “Secreto” le seguía en una distancia corta, que me deja recordar muchas de sus letras, diez años después de que le encontraran muerto en un portal de Malasaña. No es que tenga buena memoria, sino que le sigo escuchando a menudo. Sobre mi escritorio tengo a mano una docena de CDs; tres son de Enrique Urquijo, grabados con su grupo “Los Problemas”.

No tienen desperdicio, ni en el contenido ni en la forma; llenos desde las portadas de unos preciosos monigotes que me sigue gustando tener a la vista. Los digitalicé hace tiempo, pero no me basta con escucharlos, estos discos se encuadran en mi breve selección que ha superado el Mp3, al que me rendí hace mucho tiempo, porque en este caso necesito el tacto y la vista.

Estos días ha habido varias cosas que me han renovado la nostalgia de Enrique Urquijo, el cantante triste, y me han devuelto la necesidad de escucharle y de repasar sus discos. Ayer mismo, me asaltaba desde ABC una foto con Antonio Vega, ambos muy jóvenes, y muchos recuerdos de otro tiempo. Publicaban también varios artículos, coincidiendo con el décimo aniversario de su muerte, el 17 de noviembre de 1999, y entre ellos uno de Manuel de la Fuente que le retrata como le imaginaba:

Enrique (sobre)vivía, escribía, componía y amaba así, con la frente marchita y los sentimientos en carne viva, los estribillos a flor de piel. Parecía que se dejaba las entrañas en cada estrofa, en cada verso, como si fuese a ser la última, cuando menos, la penúltima, como si cada rima fuese para Canito, para su hija María («¡Agárrate fuerte a mí María, que esta noche es la más fría, Y no consigo dormir!»), para los amores que se fueron y que nunca ya más volverían (…) Del artículo “En un rincón del alma”.

El nuevo recuerdo de Enrique Urquijo que más me ha conmovido no es, en cambio, de Enrique Urquijo. Hay una canción, “Aunque tú no lo sepas“, que está entre mis muchas predilectas de su repertorio y desconocía que Quique González la hubiera compuesto a partir de un poema de Luis García Montero, un autor que me resulta muy cercano. Suelo viajar, por ejemplo, con algún libro suyo y se me ha quedado asociado a las habitaciones de hotel. Escucharle recitar un “Aunque tú no lo sepas” diferente, ha sido un descubrimiento.

Read Full Post »

Su música, pero también su figura enjuta, la historia de sus amores y sus caídas están incorporadas a mi experiencia emocional. Le compartí durante largos años con la persona más importante de mi vida, y ahora, mucho tiempo después de que el ayer sea pasado, su muerte enhebra los recuerdos. Viendo la conmoción en torno a la figura de Antonio Vega me he dado cuenta de que no era el artista que desde la intimidad daba medio por olvidado. Sólo viendo desde ayer los mil y un lugares que arden en su homenaje, descubro que había un sinfín de rincones de intimidad similares al que yo le guardaba. Era un mito.

Quien me inoculó el virus de Antonio Vega me sacaba unos años que hoy resultarían irrelevantes. Ayer un compañero al que debo llevar más de diez años me preguntaba por mi canción favorita entre las suyas (“El sitio de mi recreo”, le contesté). Era uno de esos artistas raros que impregnan a varias generaciones. Raro no porque guste por igual a los de 25 o a los de 50, sino por la intensidad con que gustaba. Es lo que tiene la melancolía, que se cuela hasta dentro y que no admite distinciones.

Seguramente porque lo llevamos incorporado a nuestra cultura, al margen de las convicciones personales acabamos cargando con cierto interés por lo religioso. En mi caso siento debilidad por los santos y cuando intento destacar mucho a un personaje, antes que el don le aplico un san. Mi San Antonio Vega tiene hasta canción, una suya: “San Antonio”, que en realidad habla de una historia que pasó un 13 de junio; una historia de tragedias corrientes, para un santo laico.

No sé si “San Antonio” está entre sus mejores composiciones, pero no he escuchado ninguna que no me encante. Antonio Vega, a secas y despegado de Nacha Pop, ha sido un excelente compositor, con canciones que forman parte del paisaje sentimental de varias generaciones, un artista muy personal y ha tenido además la cualidad de hacer versiones que mejoraban el original. “Me quedo contigo”, de Los Chunguitos, y, sobre todo, “El romance de Curro El Palmo” de Serrat son un par de ejemplos que venero. Desde ayer el estribillo de Currito El Palmo, acariciado por la voz de Antonio, no se me va de la cabeza:

Ay mi amor, sin ti no entiendo el despertar,

ay mi amor, sin ti mi cama es ancha.

Ay mi amor, que me desvela la verdad,

entre tu y yo la soledad

y un manojillo de escarcha…

Viñeta homenaje a Antonio Vega, por Javi García

Viñeta homenaje a Antonio Vega, por Javi García

Esta viñeta se ha publicado hoy en la última página del periódico. Me parece un bonito homenaje de Javi García. Desde ayer se han hecho muchos, me ha resultado precioso el de RTVE, en su página web, con mucho material, muy bien escogido, pero, sobre todo, con mucho sentimiento. Dejo el enlace aquí Adiós a Antonio Vega. Ese chico triste y solitario… Hermosa la pieza sin palabras de La 2 Noticias, se puede volver a ver en el blog de Mara Torres.

Read Full Post »