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Posts Tagged ‘Asociación de Amigos del Museo Ruiz de Luna’

La calle y la plaza de San Agustín ofrecían el martes por la noche una imagen inusual. Se comentaba entre los habituales que la inauguración de la exposición sobre la Colección de Cerámica José Luis Reneo Guerrero ha sido la más concurrida que se recuerda. En las salas del Museo Ruiz de Luna el calor y la cantidad de público agobiaban tanto como la emoción.

Año y medio después de su prematura muerte, esta exposición aproxima a la dimensión cultural de la figura de José Luis Reneo. A veces hace falta tomar tiempo y distancia para apreciar lo que en la cercanía de lo cotidiano se nos hace natural. Contemplar ahora la exposición, con cerca de la mitad de las 328 piezas singulares de cerámica que reunió, da una idea de la proporción de esta colección y del inmenso amor que profesó al noble arte salido de los alfares.

La iniciativa de la Asociación de Amigos del Museo Ruiz de Luna, fieles amigos a su vez de José Luis Reneo, ha sido, más que un empeño, una obsesión. Han tomado como obligación cultural y cívica dar unidad a todo el legado cerámico que reunió y, con la colaboración de su familia, lo han conseguido. La exposición y el catálogo completo que la acompaña son un homenaje al coleccionista, pero, por encima de todo, son un triunfo para que sus afanes y su pasión, por la cerámica en este caso, queden para la posteridad.

De esa colección hay muchas piezas inéditas y algunas que ya conocían las vitrinas de las exposiciones, porque han completado series o perspectivas de las muestras que han recorrido, de forma general o desde ámbitos concretos, la historia de la cerámica talaverana. El conjunto resulta compacto, pero vista pieza a pieza, algunas rellenan huecos que quedan en la línea del tiempo del propio Museo Ruiz de Luna. De la calidad e importancia de la colección habla con autoridad Cristina Manso, técnico del Museo, en el estudio que se ha incluido en el catálogo.

Revisar el catálogo, especial en la serie de publicaciones de los Amigos del Museo, tan cuidadas siempre, ofrece una idea precisa de la magnitud de la colección. Visitar la exposición acerca al calor de la cerámica y a la humanidad, tan intensa, de José Luis Reneo. Cada pieza debe tener su historia, fruto del capricho, del azar, de una búsqueda esforzada, quizás. Coincidiendo con la exposición, la Asociación de Amigos del Museo ha abierto un blog dedicado a esa faceta de coleccionista de un intelectual versátil y creativo que se entregó a todo cuanto tiene que ver con la cultura. En las primeras entradas, se ha empezado por hablar de algunas de las piezas, para contar su historia particular; a mí me gustaría coleccionarlas, para completar ese puzzle que José Luis dejó incompleto.

Pude ver la colección completa hace algunos meses, cuando descansaba en la trastienda del Museo. Mariano del Valle, que se ha encargado de catalogarla, me la fue explicando cacharro por cacharro, en un descubrimiento que me abrumó y me resultó emocionante. Bien dispuesta en las salas de exposiciones, cambia. Resulta aún más noble.

Panel de azulejos. Serie de la Virgen del Prado, 1774. Mansilla. (Colección de cerámica José Luis Reneo)

En el blog de la Colección de Cerámica José Luis Reneo, que incorporo a los favoritos de este Post Secret, se puede descargar en formato pdf el catálogo de la exposición.

La exposición se puede visitar en el Museo de Cerámica hasta el 30 de junio, en horario de 10,00 a 14,00 y de 16,00 a 18,00 de martes a sábados. Domingos sólo por la mañana.

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Hace unos años se generó una de esas polémicas correosas a cuenta del destino de la colección Carranza. Se presentaba como la mayor colección privada de cerámica del mundo, aunque hace poco la veía reducida en una publicación a una de las mejores de Europa, y es  propiedad de Vicente Carranza, un coleccionista vocacional que tiene su propio museo en la fábrica familiar, Paz y Cía Cerámicas. Después de una exposición temporal en el claustro de La Colegial, como ‘Ciudad de la Cerámica’ Talavera aspiró a albergar la colección Carranza y llegado el momento, su Ayuntamiento aceptó con la deportividad que le caracteriza que se instalara en el Museo de Santa Cruz, en Toledo. Estaba ya José Francisco Rivas en la Alcaldía y dijo entonces que nada se podía hacer contra la voluntad del coleccionista.

Se adaptó ex profeso una zona del Museo, con el pertinente proyecto, se invitó a los Duques de Lugo a la inauguración y se editó en dos gruesos volúmenes de tapa dura “Lozas y azulejos de la Colección Carranza”, una suerte de catálogo de la exposición permanente que se acababa de inaugurar. La colección tiene de todo y tiene, por supuesto, ‘Talaveras’, pero es más amplia. El interés de exhibirla en Talavera residía, no obstante, en que suponía un complemento natural del Museo de Cerámica Ruiz de Luna, cuyos fondos -los que están expuestos y los que no- superan en variedad, calidad y criterio expositivo a la colección de Vicente Carranza. Por cuestión de criterio expositivo precisamente, en Talavera no fue acogido con entusiasmo que se encargara el proyecto de la ampliación del Ruiz de Luna a Alfonso Pleguezuelo, que había realizado el del Santa Cruz.

El acuerdo con el coleccionista, la adaptación del Museo de Santa Cruz y los dos volúmenes del catálogo fueron decididos y costeados por la Junta de Comunidades, que incluyó en el mismo paquete la exhibición de una parte de los fondos en Daimiel, localidad natal de Carranza. Molestó bastante en Talavera que se volcaran con tanto exceso, cuando tan poco se hacía por divulgar y apoyar la cerámica talaverana.

Esta semana, el presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda, ha visitado a los ceramistas que, con Cerámica San Ginés al frente, trabajan en el mural más grande del mundo. Desde aquella polémica, allá por los inicios de la década, hasta ahora, han mejorado algo las cosas, pero no ha habido hacia la cerámica de Talavera un gesto de generosidad, como el que el gobierno regional tuvo entonces hacia una colección privada. Se agradece el cariño, sobre todo en épocas malas, y tampoco decepciona comprobar que la mayoría de las iniciativas siguen surgiendo de la sociedad civil, encabezada en estos casos por la Asociación de Amigos del Museo Ruiz de Luna. Quienes forman parte de la asociación, lo entienden como un ejercicio de ciudadanía.

A ellos no les ponen laureles. A Vicente Carranza le entregaban el sábado el título de Ciudadano Honorario de Toledo, otorgado por el Ayuntamiento de la ciudad en agradecimiento a que en 2001 decidió que se mostrara allí parte de su colección de cerámica. Un título bien ganado, sin duda.

Todos los medios han publicado las imágenes de Barreda dando unas pinceladas simbólicas en el mural más grande del mundo, pero estas dos son una primicia de este blog. Son las periodistas Blanca Bermejo (COPE) y Natalia Tejero (La Tribuna). Las tres quisimos dejar una pincelada y pudimos hacerlo por gentileza de Mariano Eugercios (San Ginés), con el asesoramiento de Marisa Esteban. Gracias.

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La última vez que nos vimos nos estrechamos en un abrazo lento. Era un mediodía de viernes en el Hospital Nuestra Señora del Prado de Talavera; tres días después, la noche del 20 de octubre de 2008, José Luis Reneo fallecía en aquella misma habitación.

La mañana de su entierro llovía fuerte y sin tregua, y le acompañaba mucha gente en el cementerio de Talavera. Ayer, bajo un brillante sol de otoño, me costó localizar el lugar. Con un ramo de flores blancas sobre el brazo, busqué demasiado a la izquierda, donde recordaba haber estado durante el entierro. Le encontré donde decía Cristina Manso, en el artículo más hermoso de los que he leído en su memoria:

Está enterrado, seguramente, bajo el ciprés más alto del cementerio, paradójicamente, a los pies del panteón de Ruiz de Luna (…)

A los pies del panteón de la familia Ruiz de Luna Arroyo, en un túmulo que queda oculto por las tumbas altas de alrededor y bajo una lápida antigua de un mármol que ha tenido tiempo de amarillear desde 1928. En la parte de abajo han superpuesto otro mármol pequeño, de un blanco deslumbrante, con su nombre y las fechas de su nacimiento y muerte.

Aunque no lleve su nombre, seguiré sintiendo más su presencia en la placa de cerámica que la Asociación de Amigos del Museo de Cerámica, que contribuyó a fundar y presidió hasta su muerte, dedicó a Cervantes en  la calle San Agustín El Viejo, que queda a medio camino entre su casa de la calle Pescaderías y su segunda casa del Museo Ruiz de Luna. Uno de esos detalles, pequeños en apariencia, muy suyos.

El martes 20, coincidiendo con el aniversario de su fallecimiento los Amigos del Museo le dedicarán una placa en el interior del ‘Ruiz de Luna’. Será el prólogo de un homenaje más amplio en el que vienen trabajando desde hace tiempo, para que permanezca en la memoria colectiva de Talavera y de la Cultura la figura del activista creativo, del mecenas, del hombre. Entre otras contribuciones, han tomado el empeño de reunir la colección de cerámica de José Luis Reneo, que sea quizás el mejor reflejo de sus múltiples inquietudes y de su sensibilidad, y un testimonio poco común de amor al arte talaverano por excelencia y, por extensión, de vocación absoluta hacia Talavera.

Sonaría bien decir que aquel último mediodía en el hospital ambos presentimos que acaso no quedara tiempo para más encuentros y buscamos un abrazo largo. La realidad es que era muy sensorial y que se detuvo a olfatearme, hastiado sin duda del tufo a medicamentos. Entre tantos olvidos recuerdo lo último que me dijo, porque me preguntó qué perfume llevaba. Me parece que aquel día sólo le contesté con una caricia en el pelo. Agua, se llama sólo “Agua”.

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