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Posts Tagged ‘blogosfera’

Lo normal

Cualquier decálogo al uso sobre cómo gestionar un blog, incluye la constancia. El buen bloguero ha de actualizar con frecuencia y con ritmo. Creo que esa es la norma básica y que incumplirla, debe ser algo así como saltarse algún mandamiento. A la vista está que me lo llevo saltando un tiempo, por razones tan variadas como la vida misma, entre las que no se encontraban la falta de cosas qué decir. Por suerte, hay unas pocas entradas que se han perdido en el intento, porque lo trágico de verdad sería quedarse muda, el vacío.
El verano, la experiencia del Camino -tan plena y felizmente concluido-, este otoño diferente que a estas alturas huele a chimeneas… Sensaciones que pudieran parecer menores, pero que tejen la vida que no se añora, ni se desea, sino la que se tiene.
Lo normal, es que se deje de hacer algo porque entre tanto se atiende a otros frentes y se está en otras cosas. Por este Post Secret ha pasado en estos últimos tiempos lo normal. Igual que ahora me he propuesto recuperar la normalidad. Aquí estaremos, para quien pueda interesarle.

Puesta de sol de otoño en el Tajo. (C. S. J.)

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Tiene 37 años y nació en Navarra, pero hace tiempo que eligió ser la única periodista extranjera que vive en Ciudad Juárez, en Méjico, uno de esos lugares imposibles del planeta en los que la vida tiene el efímero valor de una bala que silba. Judith Torrea ha recibido esta semana uno de los premios Ortega y Gasset de Periodismo, con los que el diario El País conmemora cada año el aniversario de su fundación y cuya entrega llega justo un día después del Día de la Libertad de Prensa. El premio se lo han otorgado por su blog Ciudad Juárez, a la sombra del narcotráfico, en el que desenvuelve su trabajo periodístico en una denuncia constante a la violencia extrema de este lugar fronterizo:

Ciudad Juárez se está acercando a los 700 asesinatos en los tres meses y casi dos semanas de este 2010, que se sumararán a los más de 5 mil en estos dos últimos años. Y a los más de 22 mil en todo México. Son las víctimas de la llamada guerra contra el narcotráfico. (Del blog de Judit Torrea, el 23 de abril)

Más allá de la épica, me ha cautivado la pasión que Judith Torrea transmite hacia el periodismo. En las entrevistas repite una explicación que convierte en principio: “Es que yo soy periodista”. Es su forma de enfatizar el sentido de la responsabilidad:

Soy periodista para contar historias y prefiero contar las historias que muchos no cuentan. Es mi pasión. (Del chat que mantuvo el 4 de mayo con los lectores de elpais.com)

En la era digital, el periodismo vive sumergido en un intenso debate sobre su propia pervivencia. Las opiniones oscilan entre la inminente desaparición de las formas comunes de hacer información, condenadas por falta de rentabilidad, y el absurdo de que los nuevos medios habilitan como periodista a todo hijo de vecino. Tengo la impresión de que en ese análisis, necesario porque se está viviendo una revolución, se deja de lado un ingrediente imprescindible. El papel se mantendrá todavía tal y como lo conocemos antes de reconvertirse en un exclusivo delicatessen de referencia, y no encuentro que la multiplicación de medios sea capaz de ocultar la falta de recursos con la que se desenvuelven. Pero percibo una grave amenaza sobre el periodismo que es la falta de pasión. A esta profesión le faltan muchas cosas, pero no todas son responsabilidad de los poderes que tanto se invocan, sean empresariales o políticos. Al periodismo le sobra pesimismo existencial y le falta corazón. Esa parte intangible, tan personal, tan necesaria, que no se puede meter en nómina.

Dejo el enlace a la entrevista que Iñaki Gabilondo hizo a Judith Torrea en su programa de CCN+. Una inyección de periodismo-pasión.

http://www.cuatro.com/noticias/videos/gabilondo-conversa-periodista-judith-torrea/20100504ctoultpro_9/

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Desde que escribo este Post Secret, se me ha despertado el interés por los blogs. Lo tenía de antes, pero como el olfato o cualquier sentido, se ha agudizado con el uso. Ahora recorro más, de vez en cuando descubro alguno, y la mayoría de las veces hago la parada de rigor en mis sitios de referencia. Uno de ellos lo he citado otras veces y se ha convertido en una adicción, que este lunes ha cumplido un año. “En la boca del lobo“, del periodista Ramón Lobo, figura dentro del escueto listado de enlaces de este blog, al que a veces he pensado en colocar una de esas animaciones antiguas que avisaban de que la página se encuentra en construcción. Se supone que las recomendaciones de otros sitios a visitar tienen que ser uno de los alicientes de un blog, pero éste sigue, en eso y en otras cosas, en trámite de ejecución.

Cuando se trabaja en un diario y se cierra cada noche una edición que, salvo imprevistos, se trasladará tal cual al papel, provoca un placer muy especial construir algo que por definición se queda inacabado. Lo debo haber dicho en alguna ocasión porque lo experimento con intensidad: me gusta escribir este blog, me reporta más sensaciones positivas de las que alcancé a imaginar; también por la atracción de lo diferente, después de muchos años apurando cierres.

Parte de esta experiencia se asienta sobre la conversación, dentro del blog, por supuesto y con otros blogueros. Muchas veces es sólo una manera de denominarlo, porque hay de todo, pero no suele ser muy frecuente el diálogo horizontal entre el autor y el visitante que comenta, salvo que lo comentado sea causa de irritación. Con o sin respuesta, hay atención, como explicaba la periodista Rosa María Artal en su blog El Periscopio:

Las palabras escritas no son nada sin lectores.

Entre mis favoritos, unos responden cabalmente al prototipo del diario y otros, más escasos, hacen puro periodismo. En las entradas más recientes de este blog hay enlaces al Vagamundo del periodista Fran Sevilla que lo prueban, pero el paradigma lo encuentro en Los desastres de la guerra del fotoperiodista Gervasio Sánchez, que acostumbra a ofrecer un reportaje completo en cada post. Uno lo ha dedicado no hace mucho a contar que no siempre resulta fácil y a explicar su decisión de seguir adelante con un blog que se ha mantenido en El Heraldo de Aragón, donde empezó, y ha pasado por soitu.es.

Aunque en la web social no hay territorios, echo en falta blogueros cercanos. Entre los más próximos, celebro la resurrección de un renovado El Pintamonas donde Javi García desvela los secretos de sus viñetas de la última del periódico, que hace un mes ha recobrado la actividad después de un paréntesis que se nos ha hecho muy largo, y el estreno, todavía reciente, de la periodista Esther Durán que ha lanzado con fuerza y ganas Busco un hogar. Quienes sigan su Desván de los sábados en el periódico habrán adivinado por el nombre que la motivación principal del blog es ayudar a encontrar buena gente que quiera compartir su techo y su vida con animales que la mayoría de las veces han tenido la mala suerte de toparse con otras bestias. Aunque no tengan la intención de acoger o adoptar ninguno, no dejen de pasar por el blog, porque conocer las crueldades que se pueden hacer a un animal enseña mucho sobre la pretendida superioridad de los humanos.

La canción tiene poco que ver con lo que cuento, pero lleva días sonándome en la cabeza y me apetecía mucho: Stand by me, John Lennon.

El término bloguero es una adaptación del inglés ‘blogger’. La Real Academia Española no lo reconoce, pero la Fundación del Español Urgente, a la que tanto debemos los periodistas, la recomienda en sustitución del extranjerismo.

Me gustaría conocer más blog de gente de la tierra. Si a alguien le apetece, dejo aquí un correo de contacto: carmenjara@diariolatribuna.com

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A partir de la primera guerra del Golfo, nos hemos ido acostumbrando tanto al seguimiento en directo los acontecimientos importantes, que el terremoto de Haití ha añadido la angustia de la falta de información sobre la desproporción de la tragedia humana. Seguí las noticias que iban cayendo desde primera hora de la madrugada del martes, más por la red de microblogging Twitter, que por los medios convencionales. Un síntoma no sé si alentador o preocupante, de la enorme vitalidad de las redes o de la falta de habilidad de los medios a la hora de desenvolverse en las mismas. Y una consecuencia de las dificultades que en este tipo de ocasiones han de sortear los periodistas, bloqueados en las fronteras por las que también tiene que pasar la ayuda humanitaria.

Esta tragedia, tan difícil de abarcar, nos ha recordado que en el mundo hay países, casi continentes enteros, que no alcanzan a vivir en la precariedad, porque están enterrados en la miseria. Antes de esta devastación, Haití ya era el país más pobre de América.

No existe ningún designio divino para que los desastres naturales se ceben con los más pobres. Ocurre que los que malviven bajo el techo liviano de chabolas sin cimientos son más débiles y que su pobreza no les permite elegir si quieren seguir viviendo en un lugar del mundo que en 2008 fue sacudido por cuatro huracanes, sin que para entonces hubiera conseguido recuperarse de los destrozos de los de años anteriores. Estremece saber que la esperanza de vida de los haitianos es de 52 años, que el 55  por ciento de la población no está alfabetizada, que su renta per cápita es de 386 euros y que la tasa de paro alcanza al 65 por ciento. Por temor a la naturaleza, se puede elegir hacer la mudanza desde Los Ángeles, pero no desde Puerto Príncipe.

La solidaridad y la ayuda humanitaria resultan imprescindibles en este momento trágico, pero Haití, como tantos lugares del mundo, necesita justicia. En la raíz de la catástrofe que acaba de suceder, la desigualdad cuenta tanto como los movimientos sísmicos.

Por primera vez, he seguido una noticia en tiempo real a través de un blog. El de una periodista española que trabaja en Washington, Cristina Pereda. En las sucesivas actualizaciones de One way or another me he adelantado a la mayoría de las informaciones, he obtenido enlaces y he podido acceder a las primeras noticias, la mayoría de medios norteamericanos. Así comenzaba el trabajo de Cristina Pereda:

El martes por la tarde (a las 5, hora local) un terremoto de 7.0 en la escala Richter sacudió la capital de Haití, Puerto Príncipe. Associated Press fue la primera en citar el derrumbamiento de un hospital. Después llegaban referencias al Palacio Presidencial, parcialmente derruido con su presidente, quien ha sobrevivido, dentro. Hacer una llamada telefónica a Haití un día cualquiera es una lotería. Puede funcionar, o no. También falta agua y electricidad en un país en el que la poca estabilidad la han inspirado edificios como su palacio que con tanto cariño llaman su “Casa Blanca”. Hoy está derruido. A continuación iré agregando las últimas noticias, datos, mensajes… que llegan de Haití. (En hora local)

Entre los medios españoles, me parece soberbio el  seguimiento y la forma de plantearlo de uno de mis sitios de información favoritos, rtve.es: La tierra tiembla en Haití.

Son multitud las organizaciones con las que se puede colaborar ingresando dinero. Entre éstas se encuentran la Fundación Castellano-Manchega de Cooperación. Las donaciones se pueden realizar en cualquier oficina de Caja Castilla La Mancha en la cuenta nº 2105 0135 97 1290011222 y a través de la web de la Fundación: www.fcmc.es. Las aportaciones servirán para contribuir a la reconstrucción de Haití.

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La red en general y la blogosfera en particular se han convertido en un gran medio de activismo. Como este Post Secret es joven no había tenido oportunidad de participar en el Blog Action Day, que se celebra el 15 de octubre. El tema de este año es el cambio climático y hay blogueros de todo el mundo sumando su granito de ciberespacio para apoyar la causa. Aquí queda el mío.

Blog Action Day

La falta de una planificación a escala humana y la avaricia miope que nubla hasta los horizontes más cercanos, están hipotecando el hoy y el futuro. Se ve en lo grande y se siente de manera más intensa en lo más próximo. Me inquieta el ritmo al que se deshacen los polos, las especies que desaparecen devoradas por un desarrollo que no les deja sitio y la fragilidad de las capas que nos protegen del sol.

Pero me duele el tono pardo que se extiende por El Berrocal, donde las encinas se mueren y temo por las dehesas sin fin que forman, desde que tengo recuerdos, el paisaje de mi identidad. Lo poco que los encinares necesitan para sobrevivir, se les está negando, y con ellos aniquilamos el patrimonio natural de varias generaciones.

Me duelen los ríos, que lo fueron antes de ser sumideros: Guadyerbas, Alberche y el Tajo, el padre Tajo. En lugar de ser cauces vivos, arrastran el vacío o las sobras de industrias y ciudades.

Me duelen los campos y los pueblos que se abandonan, porque con ellos se nos acabará yendo una parte muy valiosa de la Vida. Hoy no alcanzamos a verlo y cuando seamos capaces de entenderlo, no tendremos posibilidad de remediarlo.

Todavía estamos a tiempo. Hoy aún es posible.

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Que los medios de comunicación están sufriendo el atropello de la crisis no es una cuestión que, por desgracia, esté por descubrir para quienes nos coge cerca, o dentro. Queda por saber hasta donde llegará la sacudida, que en la prensa escrita está tocando ya a la inmensa mayoría de los grupos editores.  La económica no es la única crisis. Al periodismo le faltan referentes éticos, imprescindibles para la buena práctica profesional. Rastrear esos valores, reflexionarlos y asumirlos debe tomarse como una obligación del trabajo de periodista, porque con ello estaremos defendiendo la esencia de este bendito oficio. El periodista Ramón Lobo lo llama “el periodismo imprescindible”. El Manifiesto de Segovia, leído el pasado viernes en esta ciudad durante el acto de entrega de los premios Cirilo Rodríguez de periodismo puede servir de faro en esta época de penumbra:

En estos tiempos de crisis económica, publicitaria y de ventas –y por qué ocultarlo, de ética, también– en los que el lector parece mudarse del papel a la web, de las televisiones y radios tradicionales a Internet, y donde las viejas agencias de prensa se enfrentan al periodismo ratonero (de ratón del ordenador, que decía Pepe Comas), corremos un grave riesgo: confundir el negocio con Periodismo.


Nuestro trabajo no es ajustar balances sino contar historias, y éste no está en crisis. Todos seguimos teniendo la necesidad de escucharlas sin importar el formato y la herramienta de transmisión. Lo esencial es inalterable: salir allá fuera, donde suceden las noticias, buscar testigos, comprobar y volver a comprobar los datos protegidos y alentados por una redacción central que exige los más altos estándares de calidad. Esta bella definición de Periodismo pertenece a Bill Keller, director del The New York Times (…)

El Manifiesto de Segovia completo en el blog de Ramón Lobo: En la boca del lobo. El Manifiesto es una lectura imprescindible y el blog de Ramón, periodista de El País y experimentado narrador de muchos frentes abiertos por el mundo, transparenta honestidad y oficio. Hace tiempo que lo tengo incorporado a mi blogosfera; ahora también figurará formalmente.

El premio Cirilo Rodríguez de este año ha sido para el corresponsal de La Vanguardia en América Latina, Joaquin Ibarz. La información sobre el acto, que fue además un homenaje al maestro Manu Leguineche, se puede leer en la web de FAPE

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Después de un par de meses flotando por la blogosfera y sorprendiéndome con las sensaciones nuevas que me ha aportado, que son muchas, este blog estrena cabecera. La primera era provisional, como todo en este modesto rinconcito, aunque no tenía fecha de caducidad. La nueva, en cambio, es de autor. La firma Nacho Martín, creativo y buen diseñador, además de compañero del periódico, más conocido entre su gente como “Momi”.Todo un lujo para este Post Secret, en el que hasta ahora sólo había de valor la voluntad y algunos comentarios, por el corazón que han puesto quienes los firman.

Nacho tiene grandes destellos como creativo, pero, por encima de todo, es un gran tipo; alto por necesidad, porque de otra forma no le cabría tanta humanidad dentro. Ha estado varios días enredando, hasta que ha salido este pedazo de cabecera que, con enorme orgullo y gratitud por mi parte, dará a partir de ahora la bienvenida a los visitantes de este blog. A mí casi me huele a tinta y me parece muy periodística. Gracias, Nacho.

Nueva cabecera del blog © Nacho Martín

Nueva cabecera del blog © Nacho Martín

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