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Posts Tagged ‘Haití’

Se acabó. Desde el 12 de enero, cuando se produjo el terremoto de Haití se ha repetido la pregunta sobre el tiempo que tardaría en apagarse el foco informativo sobre la desolación de este país perdido. Ya lo sabemos: dos semanas. Después de la saturación de los primeros momentos y de la competición entre los medios por ver quién se metía más adentro en las entrañas de la catástrofre y con más equipos, la atención ha ido languideciendo de día en día.

Dos semanas después, Haití había quedado convertida en una nota al margen en los medios, los espacios de información que se dedican a la situación en el país caribeño han ido menguando tanto que en la mayoría de los casos han desaparecido y los enviados especiales emprenden el regreso, si es que no han vuelto ya.

Sigue habiendo noticias, pero en la cotización periodística el último recuento oficial de muertos a causa del seísmo, ha perdido muchos enteros. Se ha confirmado la cifra de 200.000 muertos, pero hoy no han cabido en las primeras del día. Abruma detenerse a pensar en lo rápido que consumimos, da igual que nos den catástrofes que útiles domésticos. Todo se queda antiguo a una veolocidad de vértigo y al mismo ritmo se olvida.

Con el terremoto de Haití he experimentado con otros canales de información, porque las vías convencionales me han parecido raquíticas y, en varios casos, poco solventes. Me voy a reiterar, para citar de nuevo al periodista de RNE Fran Sevilla. Durante estas semanas, además de sus crónicas, ha escrito un Diario de Haití en su blog Vagamundo. Trece crónicas y un epílogo, publicado hoy mismo, ya desde su destino en Costa Rica, que describen con crudeza el caos y la devastación. También rezuman humanidad y compromiso, dos valores imprescindibles en el periodismo, que nunca deben confundirse con la militancia interesada. Mientras nos saturaban con imágenes del despliegue de los marines por Puerto Príncipe y nos bombardeaban con el discurso del agradecimiento a la intervención norteamericana, Fran Sevilla contaba, con rabia, que la ayuda humanitaria seguía sin llegar. En el Epílogo insiste en ello:

No es entendible que toda la solidaridad que ha generado la catástrofe desatada por el terremoto no se haya traducido en una ayuda inmediata a la población haitiana. No es entendible que esa solidaridad se haga llegar a punta de fusiles, de vehículos blindados y despliegue militar. No es admisible que con tantas organizaciones y con tantos recursos se imponga una descoordinación tan lamentable y bochornosa. Habrá que seguir denunciando que es inaceptable que sea prioritaria la seguridad de unos pocos a la supervivencia de muchos.

Hay tantos pasajes del Diario de Haití que merecen ser recordados, que escojo sólo uno uno para que no se nos olvide lo importante, lo que está por hacer, y recomiendo la lectura de las trece entregas que lo componen. A ratos amargo y a veces, menos, esperanzado, esa lectura reafirma que la justicia hacia quienes han sido desheredados por el mundo desarrollado no se puede seguir aplazando; eso es lo que se pretende legitimar cuando con una mano se envían ayudas de emergencia mal canalizadas y con la otra se hacen oídos sordos a la condonación de la deuda externa del que era el país más pobre de América, convertido también en el más castigado.

Quiero pensar que algo va cambiando, que es posible otro mundo y que se fraguará. Como en el corazón de Paula, hija adolescente de Fran Sevilla:

Papá, se me saltan las lágrimas con cada palabra que escribes, y me dan unas ganas inmensas de ser un vagamundo contigo, aunque solo tenga catorce años. Eres mi héroe, espero que siempre lo tengas presente, y que estoy orgullosa de llevar tu apellido. Apuesto por Haití, por la vida y por ti. Te quiero con toda mi alma,
Paula (En un comentario a Diario de Haití – XIII)

 

En los grandes diarios norteamericanos Haití todavía aparece en las primeras, pero bajo su perspectiva.

 


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No dejo de leer artículos y post con un título repetido: Haití. No hace falta decir más, el titular es como un compromiso y encierra una manera de entender esta tragedia, más allá del suceso abismal del terremoto. Las catástrofes no despiertan conciencias donde no las hubiera de antemano y la de Haití está dando altavoz a las que casi nunca se destacan, porque tenemos la atención ocupada con la evolución del IPC o los tipos de interés. Habrá que ver por cuanto tiempo, pero la mirada humana está focalizada en aquel punto del Caribe, donde ha caído primero la destrucción y después el abandono a su suerte. Desconfío de lo que llevarán, cuando lleguen, esos ejércitos que se han comprometido a enviar, en un país que dejó de tener uno propio y no precisamente por convicciones pacifistas.

Sumidos en el desgobierno, el presidente no aparece y su cónsul en Sao Paulo (Brasil) ha dicho en público que el terremoto es una buena noticia porque así se va a hablar más de su país. Todo lo contrario a la perfecta puesta en escena de los principales gobiernos, con el de USA a la cabeza, que a su vez no tiene nada que ver con la realidad de los testimonios que llegan desde Puerto Príncipe. La ayuda humanitaria que inunda los informativos no se está desplegando o llega con cuentagotas. Lo explica Pablo Ordaz, enviado especial del diario El País, en una excelente crónica de las que reconcilian con la grandeza del periodismo. La adelantaba ayer la edición digital y hoy se publica en papel:

(…) Lo que queda de Haití se resume en los carteles improvisados que, en francés y en inglés, van apareciendo en las calles. Dicen: “Necesitamos ayuda”. Pero nadie parece leerlos, porque cuatro días después del terremoto la ayuda internacional sigue siendo una anécdota, gestos de buena voluntad descoordinados, sobrepasados, impotentes (…) Para leer el artículo completo: Haití ya no existe

Sabemos de lo que ocurre por periodistas que, con medios limitados, intentan rascar un poco más allá de la evidencia. El periodista de RNE Fran Sevilla lo ha narrado en sus crónicas y también en su blog, donde confiesa como luchaba por contener el llanto durante una conexión:

Hay cadáveres en las calles, en algunos lugares apiñados, como si fueran una dantesca barricada para impedir el paso de la vida. Porque ciertamente hablar de vida en estos días en Puerto Príncipe resulta una ironía. La gente camina, lleva días caminando como sonámbula, de un lado para otro, aparentemente sin sentido determinado, sin destino, si lugar adónde ir. Todo lo que les rodea es destrucción, es desolación, como si la ciudad hubiera sido bombardeada sin tregua ni misericordia durante días y días. Del post Haití, sobrecogedor. En el blog Vagamundo, de Fran Sevilla.

Al reportero de TVE Vicente Romero le hemos visto en muchos frentes; ahora le ha tocado quedarse en la retaguardia, desde donde está haciendo una enorme labor para ayudarnos a comprender. Conoce bien el terreno que esta vez palpa desde la distancia, por eso sus análisis se encuentran entre los más clarificadores que se ofrecen sobre la situación de Haití. El reportaje Haití, terremoto en el infierno, ofrecido en un Informe Semanal especial, merece ser visto por lo menos una vez.

También hay demostraciones tremendas de lo que nunca se debería hacer desde la ética y la responsabilidad informativa, pero me voy a ahorrar citarlas. Prefiero recoger algunos de esos Haitís, con los que arrancaba, porque son una forma de desescombrar la carga de abandono que pesa sobre ese mundo olvidado.

Haití, de Miguel Ángel Sánchez en La Tribuna:

La vergüenza más descarnada es que lo de Haití se podía haber evitado, que lo que tenemos delante es ejemplo de la miseria de este mundo que sólo se sostiene en su ciclo infinito de pobreza y riqueza, de explotados y explotadores (…)

Haití, de Esther Durán en La Tribuna:

Haití, desde el martes, es un escenario de horror, un campo de muerte, un terreno sumido en la desgracia. Antes de ese 12 de enero, que ya ha pasado a la historia, era el país más pobre de todo el hemisferio occidental, con el 70 por ciento de su población viviendo en la miseria, sin ninguna educación, excepto la de unos pocos que, tras poder recibirla, salen de su lugar de origen en busca de una oportunidad que todos perseguiríamos de haber nacido allí.

Volquémonos, de Maruja Torres en El País:

No sólo la madre tierra se sacude de vez en cuando para machacar a los más parias entre sus ocupantes. El primer mundo también ayuda, con sus invasiones, sus expolios, su echar una mano a los gobiernos corruptos y su necio y nulo entendimiento de las realidades locales.

Haití es noticia, de Javier Pérez de Albéniz en su blog El descodificador:

Haití siempre ha necesitado ayuda. Nadie ha estado nunca a su lado. Es uno de esos “estados fallidos” a los que se refieren, con repugnante distancia, los expertos en política internacional. Un país más allá del alcance del derecho nacional o internacional. Un país de mierda.

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A partir de la primera guerra del Golfo, nos hemos ido acostumbrando tanto al seguimiento en directo los acontecimientos importantes, que el terremoto de Haití ha añadido la angustia de la falta de información sobre la desproporción de la tragedia humana. Seguí las noticias que iban cayendo desde primera hora de la madrugada del martes, más por la red de microblogging Twitter, que por los medios convencionales. Un síntoma no sé si alentador o preocupante, de la enorme vitalidad de las redes o de la falta de habilidad de los medios a la hora de desenvolverse en las mismas. Y una consecuencia de las dificultades que en este tipo de ocasiones han de sortear los periodistas, bloqueados en las fronteras por las que también tiene que pasar la ayuda humanitaria.

Esta tragedia, tan difícil de abarcar, nos ha recordado que en el mundo hay países, casi continentes enteros, que no alcanzan a vivir en la precariedad, porque están enterrados en la miseria. Antes de esta devastación, Haití ya era el país más pobre de América.

No existe ningún designio divino para que los desastres naturales se ceben con los más pobres. Ocurre que los que malviven bajo el techo liviano de chabolas sin cimientos son más débiles y que su pobreza no les permite elegir si quieren seguir viviendo en un lugar del mundo que en 2008 fue sacudido por cuatro huracanes, sin que para entonces hubiera conseguido recuperarse de los destrozos de los de años anteriores. Estremece saber que la esperanza de vida de los haitianos es de 52 años, que el 55  por ciento de la población no está alfabetizada, que su renta per cápita es de 386 euros y que la tasa de paro alcanza al 65 por ciento. Por temor a la naturaleza, se puede elegir hacer la mudanza desde Los Ángeles, pero no desde Puerto Príncipe.

La solidaridad y la ayuda humanitaria resultan imprescindibles en este momento trágico, pero Haití, como tantos lugares del mundo, necesita justicia. En la raíz de la catástrofe que acaba de suceder, la desigualdad cuenta tanto como los movimientos sísmicos.

Por primera vez, he seguido una noticia en tiempo real a través de un blog. El de una periodista española que trabaja en Washington, Cristina Pereda. En las sucesivas actualizaciones de One way or another me he adelantado a la mayoría de las informaciones, he obtenido enlaces y he podido acceder a las primeras noticias, la mayoría de medios norteamericanos. Así comenzaba el trabajo de Cristina Pereda:

El martes por la tarde (a las 5, hora local) un terremoto de 7.0 en la escala Richter sacudió la capital de Haití, Puerto Príncipe. Associated Press fue la primera en citar el derrumbamiento de un hospital. Después llegaban referencias al Palacio Presidencial, parcialmente derruido con su presidente, quien ha sobrevivido, dentro. Hacer una llamada telefónica a Haití un día cualquiera es una lotería. Puede funcionar, o no. También falta agua y electricidad en un país en el que la poca estabilidad la han inspirado edificios como su palacio que con tanto cariño llaman su “Casa Blanca”. Hoy está derruido. A continuación iré agregando las últimas noticias, datos, mensajes… que llegan de Haití. (En hora local)

Entre los medios españoles, me parece soberbio el  seguimiento y la forma de plantearlo de uno de mis sitios de información favoritos, rtve.es: La tierra tiembla en Haití.

Son multitud las organizaciones con las que se puede colaborar ingresando dinero. Entre éstas se encuentran la Fundación Castellano-Manchega de Cooperación. Las donaciones se pueden realizar en cualquier oficina de Caja Castilla La Mancha en la cuenta nº 2105 0135 97 1290011222 y a través de la web de la Fundación: www.fcmc.es. Las aportaciones servirán para contribuir a la reconstrucción de Haití.

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