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Posts Tagged ‘Periodismo’

Suena bien y queda bonito. Los dos ceros hacen que 2010 parezca un año redondo, todavía más en las tipografías que tiran a panzonas. Me gustan para los números, aunque no sean las mejores para los titulares; igual que me convence ver un 2010 en letra gruesa, a pesar de que resulte difícil calzarlo porque ocupa demasiado. Aprendí enseguida a desconfiar de los titulares que salen en los primeros intentos y de los que dejan blancos, porque ni unos ni otros se suelen corresponder con lo que deberían decir. Aunque parezca increíble, el que encabeza este post, tan simple, ha tardado en salir, porque me empeñaba en complicarme cuando todo lo que quiero transmitir está contenido en esas cuatro cifras, que así, juntas, me resultan tan atractivas.

Cuando empezó la década anterior, en el periódico tuvimos que racionar primero y erradicar después el uso de esas muletillas tan solemnemente bobas sobre el cambio de siglo y de milenio, porque llegó un momento en el que casi no había información que no incluyera alguna referencia a tamaña revolución, viniera o no a cuento; algo así está pasando también con la omnipresente crisis, que salta con demasiada facilidad del inconsciente al teclado y se cuela por todos los rincones informativos.

En cambio, no sé muy bien la razón de que el cambio de década, e incluso la entretenida discusión sobre si se ha producido ya o llegará el año que viene, apenas haya llamado la atención de los medios. Puede ser que todavía nos dure el empacho del año 2000, con aquel efecto al que tanto espacio dedicamos y que no recuerdo que llegara a producir nada. Quizás porque las catástrofes que más se avisan son las que no se llegan a producir. Como los avisos de desastres meteorólogicos de los últimos días, que, al contrario, después de muchas lluvias nos están regalando un sol reparador.

La portada de mi calendario de 2010

2010 me parece un buen año y espero que su tipografía abunde, porque me resulta simpática a la vista. Desde la mesa donde escribo, me mira un año diferente, recién empezado, desde un calendario con ilustraciones de Nueva York de aire vintage, que ya me guiñó el ojo cuando nos encontramos en la preciosa Biblioteca Pública de NYC y que por fin he podido estrenar después de varios meses de espera. No creo en la suerte, pero me reconforta sentir buenos augurios.

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Costumbres

Dicen que el ser humano es un animal de costumbres. También dicen que es un animal racional, pero me veo más próxima a la primera afirmación, porque me parece que somos más proclives a las reacciones instintivas que a las otras. Tendemos a hacer cosas parecidas a las mismas horas, en lugares similares y más o menos en torno al mismo grupo humano. Cualquier cambio puede equivaler a una revolución, desde el traslado de la sede oficial del café de las 11, a una mudanza. Y de lo último tengo unas cuantas experiencias, agotadoras todas y positivas la mayoría.

Las buenas costumbres me hacen echar de menos aficiones y afectos. Por ejemplo, echo en falta lo que estoy haciendo en este momento, porque hace varias semanas que no escribía en este blog y porque se ha convertido en una motivación. Casi siempre lo hago en ratos robados, al mediodía o al sueño, que busco cuando encuentro la voluntad de hacerlo. Puede suceder como ahora, que se me amontonan las cosas y establecer un orden me cuesta un trabajo extra. Empecé sin saber dónde iría, sin dominar las herramientas ni los códigos, y nueve meses después el Post Secret se ha incorporado a mi vida cotidiana.

Tan sorprendente resulta la rapidez con la que hacemos costumbre de las novedades, como la premura con la que se pueden archivar hábitos. Hace un par de semanas me he dado de baja en una organización a la que he pertenecido durante casi veinte años. No me ha costado tomar la decisión, esa la tenía clara, pero se me ha puesto muy cuesta arriba ejecutarla, porque asociaba la ruptura con el desarraigo. Me equivocaba, no tengo ni más ni menos convicciones que unas semanas atrás, pero me siento más a gusto.

También hay sensaciones que se te roban de repente, cuando son ya costumbre asentada. Coincido con otros lectores de El País en que las columnas de Enric González se encuentran entre lo mejor que ha estado publicando este periódico hasta que a finales de noviembre ha dejado de hacerlo. Me parece uno de los géneros más difíciles de desempeñar para un periodista de batalla y una de las mayores delicias que se le pueden brindar a un lector de diario. Enric González ocupará una corresponsalía, ahora en Jerusalén, volverá a las trincheras del periodismo y con ello sus seguidores renovaremos el interés por entender el puzzle de Oriente medio. Mientras tanto, echarle de menos se va convirtiendo también en una costumbre.

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El premio +Igual 2009 me ha permitido expresar en público tres reflexiones personales que son otros tantos deseos:

Nací en un pueblo del Valle del Tiétar, Parrillas, que a menudo no se acierta a situar. Hay quien cree que está en Ávila, quien dice que está en Toledo, e incluso hay quien se lo adjudica a la provincia de Cáceres. La realidad es que mi pueblo está a 28 kilómetros de Talavera y que soy talaverana por todos los costados.

A los talaveranos se nos tiene por gente emprendedora. Lo que no se dice es que en muchos casos no hay más opción que serlo, porque o se emprende un proyecto propio o se emprende el camino que sale de Talavera en busca de una oportunidad, de un empleo. Por eso no sería de bien nacidos no aprovechar hoy para reclamar para mi tierra más apoyo, entre otros, de esta casa.

Por profesión, por convicción y por pasión, soy periodista. Me dedico a uno de los sectores que más están sufriendo la crisis. Los periodistas andamos distraídos con el debate del futuro de la prensa en la era de internet y no nos damos cuenta de que el periodismo como oficio corre peligro. Mientras nos entretenemos en el debate entre internet y el papel, se está deteriorando a pasos agigantados la práctica misma del periodismo; los fundamentos en los que se basa, la credibilidad, la aproximación a las fuentes y al lugar donde se producen los hechos,  se sustituyen cada vez con más frecuencia por la pantalla del ordenador y los atajos de teclado que nunca deberían enseñarse a un periodista que empieza: ctrol+C , ctrol+V (copiar y pegar). El periodismo necesita protección, porque es imprescindible como garantía para la democracia y también para dar voz a los que no la tienen.

Históricamente la mitad del género humano, las mujeres, no ha tenido voz. Desde nuestra perspectiva actual, de mujeres del siglo XXI en un país desarrollado, nos parece que hemos hecho grandes conquistas. La paridad política, la presencia en los ámbitos de toma de decisión son, en efecto, grandes logros, pero no debemos olvidar que por cada mujer que llega a una de estas cumbres, hay miles que se quedan por el camino de la desigualdad y de la discriminación que padecen, sobre todo, las que no teniendo recursos están sometidas a la doble exclusión de ser pobres y ser mujeres.

Los modelos sociales, culturales y religiosos se basan en  el disparate de la inferioridad de la mujer y ahí radica el origen de la violencia machista, que desemboca en los crímenes que nos hielan la sangre, pero que continuamente se manifiesta en multitud de comportamientos cotidianos que asumimos y toleramos como normales. La igualdad se alcanzará cuando seamos capaces de romper una por una esas actitudes y  hagamos realidad el principio básico proclamado por la Declaración de los Derechos Humanos: Todos los seres humanos, por el hecho de serlo, nacemos libres e iguales en dignidad y en derechos.

A las mujeres nos queda mucha tarea para lograr la misma dignidad y los mismos derechos en todo el mundo y hemos de convencernos de que nadie la va a hacer por nosotras.

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El 13 de marzo pasado empecé este blog. La idea me andaba rondando, pero no sabía por dónde empezar ni hacía dónde quería ir. Pensaba que me faltaban las habilidades técnicas para arrancar, aunque han resultado más básicas de lo que pensaba, y tenía dudas sobre si encontraría cosas que contar, porque cuando se trabaja en un periódico diario parece que se deja dicho todo cada día. Un mes después he publicado 13 entradas de contenidos bastante dispares y en esa heterogeneidad veo ahora resumida la aspiración que no sabía definir de partida. Y sobre todo, me he sentido a gusto.

Ya estoy en situación de ofrecer mis diez primeras razones para tener un blog:

  1. Porque es un reto, profesional y también personal.
  2. Porque me gustan los retos.
  3. Porque no tengo guión, ni red.
  4. Para confirmar que el bendito oficio del periodismo es un aprendizaje constante, un descubrimiento diario.
  5. Para constatar que hay muchas formas de ejercerlo y que se puede disfrutar de todas, porque todas son adictivas.
  6. Para conocer nuevos entornos, herramientas y habilidades que me eran ajenas.
  7. Para poder hablar de grandes temas de actualidad.
  8. Para practicar nanoperiodismo y compartir pequeños tesoros: sensaciones, recuerdos, afectos…
  9. Para descubrir que si un periódico es un estado de ánimo colectivo, una bitácora puede ser lo más parecido al desnudo integral.
  10. Para demostrar que no soy supersticiosa: empecé este blog un día 13 y me he parado a hacer repaso cuando llevo 13 entradas publicadas.

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Dicen los periodistas que se desenvuelven en medios digitales, que las de toda la vida son redacciones de papel. Nos suena bien, romántico y todo, aunque en realidad quieran evidenciar un distanciamiento en las formas de trabajar. Lo hay, seguramente, pero al margen de todo eso tan ‘cool’ del universo 2.0 y de las revoluciones que se libran a diario, con inicio y final en el mismo ciclo solar, en lo que casi todos estamos de acuerdo es en que el periodismo sigue siendo periodismo. Y en que, para nuestra tranquilidad, seguirá siéndolo. Eso no habrá ‘iPhone’, ni Facebook que lo cambien.

El primer ordenador con el que trabajé era un Macintosh con una pantallita diminuta de nueve pulgadas, que se arrancaba con un disco flexible y que cuando daba fallo de sistema, que era bastante a menudo, te castigaba con la aparición en pantalla de una bomba como las de los dibujos animados, con su mecha y todo. Creo que entonces aquello era ‘cool’. Mi forma de trabajar ha cambiado, básicamente porque he adquirido habilidades de este oficio que entonces no había tenido aún tiempo de conocer, pero, sobre todo, porque hoy tenemos herramientas mucho más evolucionadas que las bombas del Mac.

El primer ordenador que utilicéEsos recursos han modificado algunos aspectos del proceso informativo, pero nunca sus fundamentos. En general, cambia el mercado y se renueva el envase, pero la esencia del producto permanece. Desde la redacción de papel y como periodista de papel no quiero renunciar a las posibilidades de la ventana digital. He aquí la humilde declaración de intenciones de este blog, que no tiene más aspiraciones que las de la cabecera (perdón, título), una ironía, y las que cuento en este primer artículo (perdón, post).

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