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Posts Tagged ‘vida’

Se lo he oído contar a un tío mío. El día que la luz eléctrica llegó al pueblo, mis paisanos salieron a la carretera a recibirla. Para unos era cuestión de cortesía y para otros curiosidad científica por ver cómo llegaba. Pero cuando se encendió, no hubo alegría, sino decepción, porque a pesar de la atención, ninguno consiguió ver cómo se producía la entrada más esperada. Se trata, claro está, de una broma, pero a mi tío le gusta contarla muy serio y adornarla, para que parezca más verdad.

Más por ignorancia que por curiosidad científica, al filo de la medianoche del día 15 volví a los canales analógicos, para comprobar cómo llegaba el apagón. Al ver que no pasaba nada en absoluto, esperé un rato, por si acaso se había retrasado unos minutos eso que nos llevan anunciando años y cuando me aburrí, volví a la televisión digital, sin que antes se hubiera registrado cambio alguno.

Después he comprobado que la banda que aparecía en la parte inferior de la pantalla advirtiendo que la emisión analógica se acababa el día 15 ha seguido invariable, aunque la fecha en cuestión ya ha pasado. Y que el apagón será el día 31, se supone que entremedias de las uvas, que tomaré en casa, seguro que viendo las campanadas en digital y quizás mientras una banda me anuncia que el día 15 se acaba la tele analógica.

Álex de la Iglesia podría hacer otro anuncio con el encendido de mi pueblo o con el no apagón de estos días, pero de momento ha hecho varios muy recomendables.

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Otoño

El otoño es la estación de la melancolía, esa incomprendida que a veces confundimos con la nostalgia. Quienes intentamos resistirnos a ese sinvivir que nos resulta tan familiar habitamos una estación duradera, que transita por igual a lo largo y ancho de todo el año, pero que cae de golpe y sin anunciarse en los primeros barruntos del otoño convencional. Eso suele llegar antes de que se note que los días se van acortando, que los colores se transforman o que hay que ir pensando en hacer el cambio de armario. Es decir, que a estas alturas ya ha brotado y ha dejado por el camino alguna tormenta.

Espero que ese primer brote, muy madrugador, me inmunice para melancolías mayores durante una buena temporada. Mientras, aprovecharé para entretenerme en las inofensivas, que empiezan con los versos de Neruda que siempre se me vienen cuando se presentan los primeros frescos: tu recuerdo es de luz, de humo, de estanque en calma… Y con las estampas deslumbrantes que dejan las luces tempranas del otoño.

El sol de la granada anunciando el otoño en el patio de Parrillas.

El sol de la granada. Estampa de otoño en Parrillas.

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Quejumbre compartida

Lo cuenta Eduardo Rodrigálvarez en El País, en el anecdotario que le va dejando esta Vuelta a España que ha pasado estos días por Talavera. Le llama la atención algo que los talaveranos damos por normal, a base de costumbre, y lo clasifica dentro de los asuntos manifiestamente mejorables.

¿Cabe pensar que llegándote de Ciudad Real a Talavera de la Reina por la carretera nacional, primero, y la autovía después, no haya ningún cartel que anuncie que vas en dirección a la ciudad de la cerámica? En cambio, te hartas de saber que vas en dirección a Maqueda. Talavera tiene 75.000 habitantes. Maqueda, algo más de 500. ¿Curioso, no? Sobre todo cuando se te despista el GPS y se empeña en que gires a la derecha y te metas en un sembrado. A falta de 34 kilómetros la autovía se digna a avisarte de que estás acercándote a Talavera. Gracias, majos. (…) elpais.com 18 de septiembre 2009

Las quejas que salen de Talavera se interpretan como orgullo herido y se archivan en un apartado con la etiqueta de quejumbres talaveranas. Por eso y por otras cosas nos dicen diferentes, en un tono que no me suena a halago. Es sólo un ejemplo, pero oportuno, porque en el nombre se encierra la identidad. Es lo último de lo que se puede despojar a nadie.

Sobre la Vuelta, no he escuchado los elogios que consiguió en 2007. Tampoco la ciudad ha brillado como entonces, en parte por la lluvia y el frío repentino que acompañó la salida de la etapa del 17. Según le contó a toda la audiencia un comentarista de Tve, había sido la salida peor organizada del circuito. En todo caso, el nombre de Talavera ha aparecido en un aluvión de medios, aunque algunos la hayan trasladado a la provincia de Ávila.

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Para que hace algo más de tres años cuajara mi primer intento exitoso de dejar de fumar hicieron falta varios. En uno de ellos seguí esos consejos inútiles que proponen reforzar la motivación con pequeñas recompensas a corto plazo. El intento, que duró más de un año, naufragó, pero le debo una parte de mi biblioteca de poesía. Cada semana, con los ahorros del tabaco, compraba un libro de poesía y al cabo del tiempo fueron varios estantes en la zona noble de mi modesta biblioteca. Aquellos libros no merecían un lugar cualquiera, porque la privación del tabaco estaba resultando un sacrificio y porque, salvo raras excepciones, no me he cansado de deshojarlos. Aunque sea capaz de repetir los versos de memoria, nunca dejan de parecerme nuevos. Es cierto que cometí el error de pensar que se puede dejar de hacer algo por autoflagelación y no por convicción, pero como otros fracasos lo he dado por bueno. Saqué la enseñanza, reuní varias decenas de libros queridos y al siguiente intento me desprendí del vicio sin traumas.

Como a casi todo, llegué a la poesía por contagio, adolescente casi y luego no me he despegado. La tengo por mi género mayor en la literatura y vuelvo una y otra vez sobre una lista de autores de cabecera que no deja de crecer. Con la mayoría no he coincidido en la tierra, pero llenan un enorme lugar con sus versos. El periodismo y la amistad de Joaquín Benito de Lucas me han concedido, en cambio, el privilegio de conocer a algunos de los más grandes nombres de la poesía española contemporánea. Cómo olvidar a José Hierro, cuya compañía hubiera sido un placer así se hubiera dedicado a lo más alejado de la literatura…

Hace una semana se nos iba un cantante/poeta joven, Antonio Vega, y el domingo se apagaba a los 88 años Mario Benedetti. Escribió mucho en todos los géneros, pero me quedo con el poeta de la calle, el que se hacía entender incluso por quienes se sienten ajenos a la poesía. Les unía la música. Al menos en mi memoria, la poesía de Benedetti tiene la particular forma de interpretar de Serrat, en ese gran disco que es “El sur también existe”. Cómo no recordar aquellos versos que arrancan: “Una mujer desnuda y en lo oscuro…” y ese himno inolvidable que es Defensa de la alegría.

Joan Manuel Serrat, embajador de tantos poetas, tiene el mérito de haber conseguido que entre las generaciones más jóvenes se hayan llegado a confundir como una más de sus letras los más célebres versos de Antonio Machado o Miguel Hernández. A diferencia de aquellos, Mario Benedetti ha sido testigo generoso de esa cesión de identidad. Porque como poeta llano, sabía que era el mejor camino para sembrar entre la inmensa minoría de seguidores. A la vez el exilio y el compromiso hicieron del escritor una referencia intelectual, más allá de su obra, que ha sido abundante.

De esa bibliografía, guardo con cariño dos volúmenes modestos. Una recopilación de “Cuentos completos“, que ya se habrán quedado incompletos, en bolsillo y con una preciosa dedicatoria de mis veintipocos años. Y una antología poética que toma el título de una cita de Bertolt Brecht: La casa y el ladrillo (Editorial Sudamericana, Buenos Aires. 2001). Como esos versos, me regalaron ayer las palabras de despedida de Mario Benedetti:

Te dejo con tu vida, tu trabajo, tu gente, con tus puestas de sol y tus amaneceres. Sembrando tu confianza, te dejo junto al mundo, derrotando imposibles, segura sin seguro (…) Pero tampoco creas a pie juntillas todo. No creas, nunca creas, este falso abandono. Estaré donde menos lo esperes. Por ejemplo, en un árbol añoso de oscuros cabeceos. Estaré en un lejano horizonte sin horas, en la huella del tacto, en tu sombra y mi sombra (…)»

(Audio de Defensa de la alegría en la mediateca de RTVE. Imprescindible.)

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Buen ambiente

Se acaba de reciclar un clásico de toda la vida, al menos de la que yo recuerdo, para convertirse en el primer local declaradamente gay de la noche talaverana. El viernes pasado se inauguraba “Metro Chueca”, abierto por la iniciativa de Panchi Benito de Lucas y que ha contado con el apoyo del activista talaverano Rubén López, vicepresidente de la asociación de lesbianas, gays, transexuales y  bisexuales Bolo-Bolo de Castilla-La Mancha.

No sólo las autopistas, el AVE y los recintos feriales hacen progresar una ciudad. El cambio también se nota en estas cosas más pequeñas, que dejan poso, pero que a la vez son la manifestación de una evolución. Es importante ir soltando el lastre de provincianismo que tan a menudo llevan adosadas las ciudades de tamaño mediano. En esa revolución cotidiana, Talavera tiene tendencia a manifestarse como una ciudad abierta. Con todos sus convencionalismos y sus estereotipos acuñados, como todas, pero quizás con menos prejuicios. O con más gente dispuesta a ignorarlos.

A todo eso contribuyen iniciativas como ésta, siempre difíciles porque son pioneras. Y empeños como el de Rubén, que empezó como portavoz de Arcópoli, la asociación de gays y lesbianas de la Universidad Politécnica de Madrid, de la que ahora es coordinador general. Hace poco era uno de los protagonistas de un reportaje de El Pais Semanal sobre jóvenes y homosexualidad y  ha hecho muchas otras cosas. Seguro que hará muchas más. De esas que van ayudando a cambiar poco a poco a mentalidades. Lo llaman normalización.

Rubén, en el centro, con Panchi y un camarero de Metro Chueca, en la inauguración

Rubén, en el centro, con Panchi y un camarero de Metro Chueca, en la inauguración

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Hasta el día que se encadenó a los árboles del paseo del Prado, la baronesa Thyssen me era indiferente. Ese gesto de rebeldía, de luchar contra lo establecido con la munición que tenía a su alcance, su propia imagen, me hizo simpatizar con una mujer a la que antes no había prestado más atención.

Hace pocos días, la baronesa ha vuelto a convertirse en instrumento de una causa, esta vez la de los galgos. Se ha presentado en Toledo para apoyar la entrega en la sede de la Presidencia del Gobierno de Castilla-La Mancha de 22.850 firmas, dentro de la campaña promovida por la Federación de Española para el Bienestar Animal. Se eligió Castilla-La Mancha porque en esta región se registran la mitad de las cerca de cien mil muertes anuales de galgos, víctimas de ahorcamientos o abandonos, según datos de Galgos sin fronteras.

Que los personajes conocidos se impliquen y se identifiquen con toda su notoriedad en la defensa de cualquier causa noble, se convierte en una de las principales formas de promocionarla y de contagiarla. Su intervención hace que, de repente, las causas perdidas que quizás hayan sido bandera de una reducida minoría, se conviertan en causas generales para un público mucho más amplio.

Pero también hay mucha gente anónima que va por la vida saliendo al encuentro de sus causas particulares. Como Esther, que con menos fama y más gusto para escoger los tocados que se coloca en la cabeza acaba de ayudar a rescatar a una camada de diez perros de una muerte segura. Ha acogido a tres cachorros recién nacidos y los cría a biberón, después de toda una aventura que se inició muy lejos de su casa, cuando localizaron a una perra perdida, que pudo volver con su dueño, un cazador, gracias al microchip y a otra joven que también es protagonista de esta historia. El animal estaba a punto de parir y los cachorros llevaban escrito el destino; iban a ser sacrificados de inmediato.

Aquí no hay títulos de nobleza, ni firmas, pero sí un cazador que, como tantos, quiere a sus perros. Y sensibilidad y compromiso con lo que se siente. Y una causa ni mucho menos perdida, porque hay un par de mujeres consecuentes que acaban de encontrarla.

(Publicado en Osaca el 5 de abril)

Sobre el sombrero y la causa de la Baronesa Thyssen, en La Tribuna

La causa de Esther

La vida le ha salido al encuentro

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Ha caído en mis manos un Diario de Burgos con una sorpresa. Me ha recordado uno de los descubrimientos que más me han gustado de los últimos tiempos: San Juan de Ortega. Habla el Diario en un reportaje de actualidad del fenómeno que se ha bautizado como el milagro de la luz, que se repite cada equinoccio. Hace unos meses publiqué un artículo sobre ese lugar mágico y esa historia curiosa que ahora me apetece mucho rescatar.

(más…)

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